I Domingo de Cuaresma

I Domingo de Cuaresma

Lun, 15 Feb 21 Lectio Divina - Anno B

El pasado Miércoles hemos iniciado con la tradicional ceremonia de la imposición de la ceniza esta nueva cuaresma, que como lo sabemos bien, es el recuerdo de los cuarenta días y cuarenta noches que pasó Jesús en el desierto antes de vivir su pasión, muerte y resurrección;  misterios que celebramos cada año en la Semana Santa y que nos recuerdan que Jesús ha vencido la muerte y vive entre nosotros.

El primer Domingo de cuaresma es conocido como el “Domingo de las Tentaciones” y la Iglesia medita los textos del Evangelio que nos narran este acontecimiento de la vida de Jesús; en este año meditaremos la narración del Evangelio según San Marcos, que nos exhorta con la expresión: Convertíos y creed en el Evangelio.
Estas palabras constituyen, en cierto modo, el compendio de toda la vida cristiana; al reino anunciado por Cristo se puede llegar solamente por la íntima y total transformación y renovación de todo el hombre: de todo su sentir, juzgar, y actuar (S. Pablo VI).

¿Qué dice el texto?
El texto de la liturgia de este domingo nos presenta el comienzo de la vida pública de Jesús: los cuarenta días en el desierto, las tentaciones de Satanás, la prisión de Juan el Bautista, el inicio del anuncio de la Buena Nueva de Dios y un breve resumen  de lo que Jesús anunciaba al pueblo. 

Marcos 1, 12- 13: Después del Bautismo, el Espíritu de Dios toma posesión de Jesús y lo transporta al desierto, donde se prepara para la misión. Marcos dice que Jesús estuvo en el desierto por un espacio de cuarenta días y que fue tentado por Satanás. En Mateo 4, 1-11, se lee más explícitamente la tentación: tentación del pan, tentación del prestigio, tentación del poder. Fueron las tres tentaciones que encontró el pueblo de Israel en el desierto, después de la salida de Egipto (Dt 8,3; 6,13.16). Tentación es todo aquello que nos aleja del camino de Dios.

Marcos 1,14-15: Jesús comienza el anuncio de la Buena Nueva. Mientras Jesús se preparaba en el desierto, Juan el Bautista fue arrestado por Herodes. Jesús vio en el arresto de Juan la señal de la llegada del Reino. El Reino de Dios no es un lugar, sino una experiencia de vida bajo los parámetros del proyecto de Dios (vida, justicia, solidaridad, fraternidad, paz…). La presencia de Jesús hace cercano el reino de Dios. Arrepentirse significa cambiar de rumbo y volver a Dios, que en este caso es creer en la Buena Noticia de Jesús.     

Este tiempo de preparación a la Pascua nos ayude  a transitar de nuestra vida vieja a la vida nueva en Jesucristo, para que Cristo viva en nosotros; el Espíritu de Cristo nos transforme con su fuerza vivificante en signos de resurrección. A esto deben conducir todos los ejercicios cuaresmales: penitencia, ayuno y oración. Pero que la oración no sea rutinaria sino auténtico encuentro personal con Dios. Que la limosna no sea paternalista, sino compasiva y liberadora. Que el ayuno no sea individualista y vanidoso, sino solidario. Que nada de esto sea legalista, por cumplir, sino que brote del espíritu, del amor y para amar. Todo esto es posible con la ayuda del Espíritu Santo.

La abstinencia que Dios quiere:
Que compartas tu pan con el hambriento
Que no hagas gastos superfluos
Que ofrezcas tu tiempo al que lo necesita
Que tengas hambre y sed de la justicia
Que no seas esclavo del consumo
Que te abstengas de toda violencia
Que ames la misericordia
Que seas compasivo
Que veas en todo el que sufre, un sacramento de Jesucristo