III Domingo de Adviento

III Domingo de Adviento

Mar, 08 Dic 20 Lectio Divina - Anno B

Jn 1,6-8.19-28. Vino un hombre enviado por Dios: su nombre era Juan. Vino como testigo para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.

El tercer domingo de Adviento se llama tradicionalmente gaudete, de alegría; título que subraya de forma más explícita el carácter de este penúltimo domingo: ¡La Alegría! Podemos hablar de esta emoción solo haciendo una pausa frente al Silencio, que nos obliga a detenernos para tomar contacto con la parte más profunda de nosotros mismos, donde muchas veces no nos atrevemos a llegar, por miedo.
Los buscadores de la alegría, en cambio, van más allá... logran llegar al umbral de su propia 'gruta', donde nace y regresa el aliento. A todos nos toma la Navidad que viene con los rituales habituales. Aquellos que no desean al menos una vez hacerse un espacio en el que uno esté frente al belén de esta humanidad, solos o juntos, ¡a veces hay un deseo de otra cosa!
Los buscadores de la Alegría se mueven como pastores en la noche oscura, hambrientos de fuego y frío, aislados de los banquetes, avanzan en la oscuridad hacia una gruta. La liturgia del tercer domingo nos ofrece un camino conocido e inédito cada año; un camino que parte de la mente con todo lo que hay que hacer: obsequios, lista de la compra, menús por determinar, personas a las que invitar; todo bien pero entonces?!? ¿Y si, antes de organizar la fiesta, pasamos unas horas por este camino que va de la mente al corazón? ¿Y si el silencio dictara todos los criterios organizativos?
Muchas veces el corazón sueña con cosas más sencillas, más esenciales: un soplo de cariño, una soledad plena, un lecho de verdad... Jesús se hizo Carne también para todos los navegantes solitarios, los que están debajo de los puentes, los que duermen al abrigo de los albergues y nuestras iglesias. Hombres y mujeres en cuidados intensivos, niños asustados y mujeres jóvenes explotadas. ¡Jesús se instaló en esta humanidad lacerada! Pero ciertamente también en las muchas buenas personas que preparan la Navidad armando belenes y decorando árboles; las personas que no se avergüenzan de demostrar su cristianismo católico defienden sus principios en nombre de una civilización antigua.

Bien sabe Juan Bautista que volvemos a encontrar este domingo como testigo de la Luz y lo que es la luz sino un destello de sutil alegría que surge después de cada esfuerzo superado, la paz conquistada, un deseo cumplido que nos reconcilia con nuestros desiertos. Juan clama sin miedo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

Un día vino un hombre
Un día vino un hombre que tenía magia en la voz,
calor en sus palabras, embrujo en su mensaje.
Un día vino un hombre con la alegría en los ojos,
la libertad en las manos, el fuego en sus hechos.
Un día vino un hombre con la esperanza en sus gestos,
con la fuerza de su ser, con un corazón grandísimo.
Un día vino un hombre con el amor en sus signos,
con la bondad en sus besos, con la hermandad en sus hombros.
Un día vino un hombre con el Espíritu sobre sí,
con la felicidad en su padecer, con el sentido en su morir.
Un día vino un hombre con el tesoro de su cielo,
con la vida de su cruz, con la resurrección de su fe.
Un día viniste Tú...
Ven ahora, también, Señor.
(Alois Albrecht)

Celebraciones de Adviento del 17 al 24 de diciembre
Una breve reflexión merecen los días llamados feriados importantes. Sólo se proclaman en esta semana antes y después del "Magnificat" de las Vísperas y también en la Misa como verso del Aleluya. Estas son las siete "antífonas mayores" que preceden a la Nochebuena, todos los días del 17 al 23 de diciembre se canta este bello poema de autor desconocido. Los textos son cofres de imágenes bíblicas y se cantan en su melodía original: ¡el gregoriano! Cantados en la Iglesia desde el siglo VIII en Roma, son una sucesión de asombro para el Dios que viene y vendrá. Todo apunta a que estas estrofas fueron compuestas por una persona de profunda oración, una contemplativa capaz de asombrar hasta estallar en ese salto de alegría propio de los niños. Ohhh!!!
Artistas y miniaturistas han llenado o pintado estas "O", convirtiéndolas en obras maestras del arte. Generaciones enteras se han nutrido del canto de estas grandes antífonas que han aprendido a alabar y adorar el misterio de la Encarnación. La piedad popular conoció y cantó estos textos en la Novena de Navidad, práctica que surgió a mediados del siglo XVII.
Hoy se cantan cada vez menos en nuestras iglesias, pero surgen con todo su delicado lirismo en los monasterios, en algún convento... Cantamos pensando en el futuro y en Dios que se ha hecho presente. Se invoca a Jesucristo con una serie de títulos mesiánicos: Sabiduría, Señor, Raíz, Llave, Sol, Rey, Emmanuel. Las iniciales en latín de estos títulos, leídas al revés, forman el acróstico "Ero cras" (estaré mañana, vendré mañana). Las antífonas concluyen con la súplica: Ven, ven y enséñanos el camino de la vida, para liberarnos, para iluminarnos, para salvarnos... Detengámonos un momento y saboreémoslos lentamente. Propongo la lectura de estas antífonas traducidas del latín.

17 de diciembre Jesús Sabiduría del Padre
Oh sabiduría,
que salió de la boca del Altísimo,
que sacas de ambos extremos,
y dispones de todas las cosas con fuerza y dulzura:
ven y enséñanos los caminos de la prudencia.

La invocación inicial está dirigida a la Sabiduría que sale de la boca del Altísimo como un soplo. El soplo sale convirtiéndose en Palabra, Palabra de Dios. Jesús es ciertamente la Sabiduría del Padre, el que, según las palabras de San Pablo en 1Cor 1-2, se ha convertido para nosotros en "sabiduría por la obra de Dios, justicia, santificación y redención". Invocamos la sabiduría para enseñarnos la prudencia, una virtud de la que todos necesitamos una buena dosis.

18 de diciembre Oh Adonai
Oh Señor,
líder de la casa de Israel,
que te apareciste a Moisés en el fuego de la zarza,
y en el monte Sinaí le diste la ley:
ven a liberarnos con un brazo poderoso.

Esta segunda antífona es una magnífica síntesis del Éxodo: se mencionan a Moisés y los acontecimientos que caracterizaron la liberación de la esclavitud. Jesús es más que Moisés, es el libertador que ha destruido las cadenas de la esclavitud, ¡pero cuánto queda todavía! Oremos al Señor para que nos libere del pecado, destruya las cadenas que atan los tobillos de tantos soberbios, de los que ceden al mal haciendo el mal. Invoquemos al Señor para que actúe nuevamente y siempre con su 'brazo poderoso', generador de vida, una obra fecunda que nunca deja de crear y recrear el bien a través de nosotros.

19 de diciembre Oh Radix Jesse,
Oh brote de Isaí,
que te levantas como señal para los pueblos:
los reyes de la tierra callan delante de ti, y las naciones te invocan:
ven a liberarnos, no te demores!

Hay una referencia explícita al rey David, hijo de Isaí, la imagen del futuro Mesías. David fue grandioso al unificar las tribus de Israel en un solo reino... Jesús es más, hará de muchos pueblos una sola nación en la que todos mantendrán viva su identidad respetando las culturas, la diversidad, el color de piel. ¡Una sola nación donde todos pueden aterrizar gratis! ¿Es una utopía? ¡Quién sabe! Los tiempos de Dios no son nuestros, tarde o temprano los reyes de la tierra serán silenciados por sus propias derrotas.

20 de diciembre Oh Clavis David,
Oh llave de David, cetro de la casa de Israel,
que abres y nadie puede cerrar,
cerrar y nadie puede abrir:
ven, libera al cautivo que yace en la oscuridad
y en la sombra de la muerte!

La antífona de hoy comienza con otra imagen simbólica, siguiendo el ejemplo de Isaías 22,22: el Señor es la llave que abre y cierra, dejándote libre para entrar y salir. No tiene puertas de seguridad, ni cámara, ni puertas. Suyo es el poder de quien, a pesar de ser amo, se hace huésped; siendo Hijo, se hace siervo. El monje benedictino Dom Prosper Guérager en sus hermosas reflexiones sobre el Adviento y la Navidad escribe: [...] Hoy por lo menos el vientre materno todavía te ofrece un asilo dulce y pacífico, en el que solo recibes los testimonios del amor más tierno y respetuoso.  Pero, oh Señor, debes salir de ese bendito retiro; tú, luz eterna, debes brillar en medio de las tinieblas, ya que el prisionero que viniste a liberar quien languidece en su prisión. Él yace a la sombra de la muerte, y morirá si no vienes rápidamente y abres sus puertas con tu llave todopoderosa. El prisionero, o Jesús, es el género humano, esclavo de sus errores y vicios. ¡Ven y rompe el yugo que lo oprime y lo degrada! El prisionero es nuestro corazón sometido con demasiada frecuencia a tendencias que rechaza. Ven, o divino Libertador, a redimir todo lo que te has dignado liberar con tu gracia, y a levantar en nosotros la dignidad de tus hermanos.

21 de diciembre Oh Oriens, splendor lucis aeternae,
Oh estrella que se eleva,
esplendor de luz eterna,
sol de justicia:
ven, ilumina a los que yacen en tinieblas y en la sombra de la muerte.

La vida viene de Oriente, donde sale el sol para iluminar las cosas que son. La gente que caminaba en tinieblas vio una gran Luz (Jn 1). La oscuridad, por densa que fuera, no impidió que viéramos una llamarada de fuego que iluminaba toda la opacidad. Es un estímulo para no desanimarnos, para no acurrucarnos en nuestra tristeza porque en el silencio de la noche se iluminará cada fibra. No hay dolor, amargura o fracaso humano porque en nuestras cavidades seremos consolados.

22 de diciembre O Rex Gentium,
Oh Rey de naciones,
esperado por todas las naciones,
piedra angular que une a los pueblos en uno:
ven y salva al hombre que formaste de la tierra.

Extraño rey este niño que tiene su palacio real en un establo, un refugio de animales, rodeado de gente común, cuya sencillez escandaliza a los intelectuales de turno, a los profesores que quieren comprender y filtrar hasta que se los tragan sus propias elucubraciones. Jesús es rey a la manera de los pequeños, sin vestiduras ni desfiles. Jesús es rey en un pesebre que, según San León Magno, se convertirá más tarde en cruz y desde allí reinará como el más bello de los hijos del hombre. Ven, ven y salva al hombre que formaste de la tierra... canta la antífona. La tierra es frágil, incompleta, expuesta a peligros y dificultades. La tierra es una masa de polvo, un puñado de ceniza sobre el que descansa el aliento divino.

23 de diciembre
Oh Emmanuel,
nuestro rey y legislador,
esperanza de la gente
y su Salvador:
ven y sálvanos,
Señor, Dios nuestro.

Finalmente hoy podemos invocarlo con su verdadero nombre: Emmanuel, que en hebreo sería Dios con nosotros y más Dios en nosotros. El hogar que prefiere es el ser humano de todas las tierras y lugares. Nació en el vientre de una mujer virgen para que gracias a ella pudiera encontrar espacio en nuestro pequeño vientre. El pesebre donde prefiere que lo acuesten es la vida de cada uno de nosotros y, en cambio, a menudo lo desalojamos de nuestra existencia para colocarlo 'virtualmente' en otro lugar.
Y el Verbo se hizo Carne (Jn 1,14), canta Juan en el Prólogo. Y así, la Navidad de Jesús celebra la fiesta de bodas entre Dios y la humanidad.