III Domingo de Pascua

III Domingo de Pascua

Mer, 14 Apr 21 Lectio Divina - Anno B

Al iniciar la Lectio es importante notar que en Lucas, esta es la única aparición de Jesús a todo el grupo; por esto tiene valor de síntesis. Encontramos dos partes: la aparición e identificación (vv. 36-43) y la misión (vv. 44-49). La primera tiene una intención apologética, provocada por objeciones externas y por dudas dentro de la comunidad. La segunda reúne muchísimos datos: Enlaza los hechos con los anuncios de la Escritura: “fue escrito”, “era necesario”. Jesús agrega a la muerte y resurrección un dato: la predicación universal, a partir de Jerusalén. Para gustar y entrar mejor en la riqueza del Evangelio tomamos el texto por partes.

35 Cómo lo habían reconocido al partir el pan
Entrando en la comprensión del texto, la experiencia del encuentro con Jesús permite regresar sobre los primeros pasos. No es el regreso del remordimiento, ni el regreso del lamento. Es el regreso de quien relee la propia historia y sabe encontrar, a lo largo del camino recorrido, el lugar de la memoria. Fue difícil para los dos discípulos transmitir el modo como Jesús vino a su encuentro: era “el mismo”, aunque si no era “lo mismo”. Ellos reconocieron a Jesús, con quien habían convivido, que los había formado, que habían seguido, que había sido vencido, que habían abandonado. Pero era transformado, lo comprendían mejor, llegaba a su corazón, irradiaba paz y alegría, imponía su soberanía.

Dios viene al encuentro y se hace reconocer a través de los gestos familiares. Jesús lo hace a través de los signos fundamentales de la comunidad cristiana: la Escritura, leída en clave cristológica y la fracción del pan (Lc 24, 1-33). La historia humana, espacio privilegiado de la acción de Dios, es historia de salvación, que atraviesa todas las situaciones, en una especie de éxodo, cargado de la novedad del anuncio.
Cuando iban de camino: se trata del itinerario teológico, del camino de gracia, que sucede en los hechos humanos. Toda la razón de ser de la Iglesia se halla en este camino de salvación (Hech 16,17), que conduce a Dios (Hech 18,2). Es llamada a vivirlo y a indicarlo a todos, abandonando el propio camino (Hech 14,16) se orienta hacia el Señor, que camina con los suyos. 

36 El mismo Jesús se presentó
Jesús regresa a los suyos. Está en medio de ellos como antes, si bien en una condición diferente y definitiva. Se manifiesta en su corporeidad glorificada para demostrar que la resurrección es un hecho, que aconteció realmente.
Después de tanto miedo, tanta inquietud y tanta duda, el grande regalo de Cristo a los suyos se resume en una palabra: paz. Es el grande ideal del hombre y la gran ausente de nuestro mundo.
El hombre no está satisfecho de sí, no vive contento, no gusta de las pequeñas cosas, que marcan su existencia, y no es capaz de lanzarse a las grandes aventuras, que la pueden transformar en algo sublime.
Y junto a la pérdida de la paz individual nuestro mundo conoce, desde hace mucho tiempo, la perdida de la paz colectiva. Y todo porque domina el egoísmo sobre el amor, la intransigencia sobre la comprensión, el odio sobre la misericordia, la injusticia sobre la justicia. Por esto resulta ser algo profundo y alentador el gran regalo de Cristo a los suyos: La Paz

Si hemos vivido con un poco de sinceridad el cristianismo, hemos hecho la experiencia que la paz se hace presente en nuestra vida. Si hemos hecho un trabajo atento y afectuoso con “el otro” y hemos puesto a disposición aquello que somos y aquello que tenemos, hemos hecho experiencia de la paz. Cuando hemos dejado de ver  el prójimo como un enemigo para catalogarlo como un hermano, hemos descubierto que desaparece la inquietud y la frustración. Y es curioso que sabiendo todo esto, no nos decidimos verdaderamente a aceptar el regalo de Cristo en su Pascua: La Paz.  

37 Pensaban de ver un fantasma
Los discípulos no son ingenuos, sino más bien cautelosos, críticos y llenos de temor. Esta actitud no concuerda con la narración anterior, cuando afirmaban su fe, en la palabra de Pedro (v. 34). De todos modos su perplejidad no se refería al hecho que Jesús hubiera resucitado, sino a la naturaleza corporal de él. Era necesario hacer una experiencia intensa de la realidad corporal de Jesús para poder realizar la futura misión de testigos de la buena noticia y para aclarar las ideas sobre el Resucitado. Ellos no creían  que fuera Jesús en persona, pero pensaban que lo veían solo en espíritu.  

 38-40 Miren mis manos y mis pies; soy yo en persona  
En el Evangelio de Lucas la presencia de Jesús es real, directa, viva, se impone a la incredulidad y al temor de los suyos. El Jesús de la resurrección no es un invento de los discípulos,  ni un producto de su imaginación. No es ni siquiera una idea abstracta construida por la comunidad.
La Pasión y la Muerte se quedaron de forma permanente y definitiva asumidas por la humanidad glorificada de Jesús. Por esto, su entrega en la Cruz, realizada una vez para siempre, permanece más allá del tiempo, como el acontecimiento Salvador, que libra al hombre y lo regenera.  

 41-43¿Tienen algo para comer?
En la casa de Cornelio, Pedro recuerda que Jesús apareció, y “nosotros hemos comido y bebido con Él, después de su resurrección” (Hech 10,41).
Cada invitación a comer esconde el deseo de intimidad: es un permanecer, un compartir. La resurrección no le impide a Jesús de presentarse como aquel que comparte. Había compartido la mesa con los suyos, con los pecadores,  con los excluidos. Aquel pez asado, comido durante años con los discípulos, continúa siendo un medio de comunión. Un pez preparado con amor, de uno para el otro: un alimento que no termina de saciar el hambre escondida del hombre, un alimento capaz de vencer ilusiones de algo escondido entre las ruinas del pasado. 

44Era necesario que se cumpliera todo lo  que estaba escrito
Los hechos se aclaran y permiten comprender cuanto fue escrito en Moisés, los profetas y los salmos.
El plan de Dios se ha realizado. Los momentos de ansia, de conmoción, de llanto por la propia Nación (Lc 9, 41), la fatiga probada saliendo hacia Jerusalén, las tentaciones habían marcado esa frontera perpetuamente presente entre la humillación y el escondimiento, la afirmación y la gloria. Todo esto lo había vivido el pueblo de Israel; todo esto lo había vivido Jesús. Ahora es plenamente visible y positiva la obra de la gracia, porque la obra del Espíritu, ya actuada en Cristo y en el creyente, crea un clima de alegría y de paz profunda, típico de las cosas realizadas.  

45Entonces les abrió la inteligencia  
Los discípulos comenzaron a entender las Escrituras y a Cristo, como aquel que ha cumplido las promesas y los anuncios del Antiguo Testamento.
La Biblia encuentra su cumplimiento en el Misterio pascual del Cristo. El hombre no puede por sí solo comprender la Palabra de Dios: la presencia del Resucitado abre la mente a la comprensión completa del Misterio de la existencia humana, escondido en las palabras sagradas. 
Él no solo “ha dicho” palabras, sino que es la Palabra, la Palabra que Dios ha dicho y  dirige a la humanidad. 

46-47A todas las naciones, comenzando desde Jerusalén
En los Hechos de los Apóstoles la indicación geográfica será más precisa: de Jerusalén, a Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra (1,8). La salvación, que será anunciada, toca todas las dimensiones humanas a través de Cristo, que salva del mal, que libra de las tinieblas (Hech 26,18) y del pecado (Lc 5,0-26; Hech 2, 38), de la enfermedad y del sufrimiento, de la muerte, de la incredulidad, de los ídolos.
La salvación radical del hombre consiste en liberarse del corazón de piedra para recibir un corazón nuevo, que comporta un dinamismo liberador de toda forma de esclavitud (Lc 4,16-22).
El evangelista de grandes horizontes – de Adán al Reino, de Jerusalén a los confines de la tierra – es también el evangelista de la cotidianidad. En Hech 2,37 se encuentra resumido todo el camino de salvación: acoger la palabra, convertirse, creer, hacerse bautizar, obtener el perdón de los pecados y el don del Espíritu.

48 Ustedes son testigos
Pedro, en el discurso de Pentecostés (Hech 2,32) en el espacio del Templo, después de la curación del (Hech 3,15), recogiendo la recomendación de Jesús, afirma: “Nosotros somos testigos”.
La comunidad cristiana proclama, con palabras y obras, el cumplimiento del reino de Dios entre los hombres y la presencia del Señor, que continua trabajando en su Iglesia como Mesías, Señor, profeta. La Iglesia crecerá y caminará en el temor del Señor, haciendo resonar en los extremos confines de la tierra el eco de la palabra de Salvación. Poco a poco el camino se aleja de Jerusalén para dirigirse al corazón del mundo pagano. Destinatarios de la salvación son todos los hombres, en modo especial los  pecadores. Ninguno será excluido en el camino.

 Algunas preguntas que nos pueden ayudar
- ¿Buscamos a Jesús como si fuera un recuerdo o una persona viva?
- ¿Qué importancia damos a la Palabra y a la Eucaristía? ¿Nos acercamos de verdad a Jesús? ¿Cómo?
- ¿Sabemos anunciar Jesús a los otros? ¿Cómo lo hacemos?
- Cuales son las semejanzas y cuales las diferencias entre la situación de los discípulos y nuestra situación actual? ¿Cuáles son hoy los factores que ponen en crisis nuestra fe y nos causan tristeza?
- Nuestra comunidad es testigo de la vida nueva en Cristo ¿Cómo?