IV Domingo de Cuaresma - Laetare

IV Domingo de Cuaresma - Laetare

Gio, 11 Mar 21 Lectio Divina - Anno B

El IV Domingo de Cuaresma  es un Domingo excepcional, pues difiere en algunas de las características propias de este tiempo. Este Domingo de Cuaresma, se llama “Laetare", debido a la antífona gregoriana del Introito de la Misa, tomada del libro del Profeta Isaías (Is. LXVI, 10):
Lætare, Jerusalem: et conventum facite omnes qui diligitis eam: gaudete cum lætitia, qui in tristitia fuistis: ut exultetis, et satiemini ab uberibus consolationis vestræ. Ps. CXXI, 1. Lætatus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Domini ibimus. Regocíjate, Jerusalén, vosotros, los que la amáis, sea ella vuestra gloria. Llenaos con ella de alegría, los que con ella hicisteis duelo, para mamar sus consolaciones; para mamar en delicia a los pechos de su gloria. Sal. 121, 1. ¡Qué alegría tan grande la que tuve cuando oí que dijeron: ¡Andando ya, a la casa del Señor!

La liturgia de este Domingo se ve marcada por la alegría, ya que se acerca el tiempo de vivir nuevamente los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, durante la Semana Santa, se rompe el esquema litúrgico de la Cuaresma, con algunas particularidades:
1.- Predomina el carácter alegre (litúrgicamente hablando)
2.- Se usa color rosáceo en los ornamentos (siempre que esto sea posible).
3.- Los ornamentos pueden ser más bellamente adornados.
4.- Los diáconos pueden utilizar dalmática.
5.- Se puede utilizar el Órgano.

El Domingo Lætare nos invita a mirar más allá de la triste realidad del pecado, mirando a Dios, quien es fuente de infinita Misericordia. Es una nueva invitación a convertirnos de corazón hacia Dios, para amarlo y cumplir sus preceptos, que nos hacen libres. Así mismo, no se debe olvidar que permanecemos en Cuaresma, por lo cual el Domingo Laetare no es un alto de la penitencia, sino que es para recordarnos que siempre, detrás de toda penitencia está el deber de aborrecer el pecado, el propósito de no pecar más y de confesar los pecados, para así vivir en Gracia, que nos es otorgada por Dios en su infinita misericordia.
Estamos prácticamente a mitad de la Cuaresma. Es bueno que también nosotros, tan débiles y volubles tal vez como los israelitas, nos identificamos en su historia para decidirnos a una seria conversión en la cercanía de la Pascua.  Los temas de las lecturas de hoy nos conectan espontáneamente, por una parte, con el sacramento de la Reconciliación, por nuestra condición de pecadores y nuestra voluntad de conversión al amor de Dios. Por otra, con la Eucaristía, el Sacramento en que participamos de esa Nueva Alianza que Jesús selló en la Cruz. Pero también apuntamos ya a la celebración de la Vigilia Pascual, con su expresivo simbolismo de la luz, que se puede decir que es preparado por el evangelio de hoy (Jn 13,14-21).

¿Qué me dice el texto?
Como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre… (Jn.3,14-15). El que cree en El, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado… (Jn3,18). No creer en el nombre del Unigénito: esta es ya una condena, porque se excluye del amor quien no acoge al amor. El juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz (Jn 3,19-20).

Para Reflexionar
¿Somos capaces de vivir nuestra debilidad como lugar de encuentro y de apertura a Dios y a los otros, deseosos de trabajar fielmente en su espacio y en su tiempo?  El que obra la verdad va a la luz… (Jn3,21). Todo lo que cae bajo los rayos del amor eterno, se viste de luz, como sucede en la naturaleza.        

Oración Final
Cuando el santo temor me abandona, Señor, siento el pecado que habla en mi corazón: estos son los momentos en los que voy a buscar mis faltas, experimento sentimientos de culpa sin fin, y todo esto inútilmente porque no he entendido que solo haciendo el bien se extinguen las palabras inicuas y engañosas del mal. Amén.