V Domingo de Cuaresma

V Domingo de Cuaresma

Gio, 18 Mar 21 Lectio Divina - Anno B

Hoy en la liturgia de la palabra encontramos un camino más profundo para ir contemplando el misterio pascual de muerte y resurrección de Jesús: el grano de trigo que muriendo genera vida. La analogía del grano de trigo que muere y da mucho fruto le recuerda al cristiano que él está llamado a revivir el proceso de muerte-vida en seguimiento de Cristo. Con el profeta Jeremías tenemos tres palabras claves: pacto, alianza y compromiso son de fundamento para el hombre; el profeta orienta la atención hacia el Dios que viene. Él le ha encontrado ya viniendo en su intimidad. Una vieja institución, la alianza, le sirve para hablar de una nueva revelación de la salvación. Alianza nueva es perdón, conversión y pueblo de Dios con nuevo impulso. Está naciendo ya en el anuncio del profeta. El pacto que el Señor hizo con el pueblo de Israel cuando lo sacó de Egipto y lo condujo al Éxodo. En la carta a los Hebreos contemplamos a Cristo como modelo de obediencia. Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen.

Cualquiera puede obedecer cuando es fácil, pero en el fuego de la adversidad y del dolor, nuestra obediencia es puesta a prueba. ¿Estamos dispuestos a obedecer incluso cuando le duele, incluso cuando nos cuesta mucho, incluso cuando no queremos? Es vivir la experiencia del sacrificio. Cristo se sacrifica por hacer que los hombres encuentren los caminos hacia Dios, pero también ese sacrificio nos hace probar la obediencia. Una obediencia que nos lleva a comprender todo lo que el sacrificio hecho en la cruz de obedecer al Padre lleva a vivir la resurrección y la vida.

San Juan nos introduce en una actitud maravillosa: primero están subiendo a la fiesta unos griegos. Estos griegos eran paganos, simpatizantes de la religión de Moisés, y en cierta medida observaban la Ley. Es interesante esta introducción en el Evangelio de este día: todo comienza por la inquietud de ver a Jesús. Felipe y Andrés buscan a Jesús para cumplir con el pedido de los griegos, y lo que acontece después  es una larga respuesta de Jesús, que resulta impensada, pero tiene su lógica en el contexto que le tocaba vivir, la cercanía de su “hora”.

La “hora” de Jesús es la glorificación y lo que resulta más novedoso aún es que su glorificación implica y se realiza por su muerte, y la hora es conocer la pasión y la resurrección; así que podríamos describir en primer lugar lo que el propio Jesús a dicho en el evangelio Si el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto. Es importante la muerte para poder vivir el proceso de la vida; es importante comprender ese concepto, pero también nos dice quien quiera salvar la vida la perderá, es decir que nos está capacitando para saber que caminar con Él en el proceso de la cruz es ir entendiendo lo fundamental y la raíz verdadera de ese concepto de misterio de amor.
Pero también nos recuerda que ese signo de elevación será puesto en lo alto, porque el ser puesto es lo alto nos hace comprender la glorificación que, hace unos domingos atrás, hemos meditado sobre tres símbolos que nos permite entender mejor el misterio de la pascua del Señor:cuando Jesús se encuentra en el monte y se transfigura; el templo que él reedificara en tres días; la serpiente levantada que cura a quien la mira con fe.
La invitación es a reflexionar sobre la cruz que se nos ha confiado, aprender a cargarla cotidianamente; y llevando la cruz podamos nosotros ser ese signo verdadero que el Señor quiere.