V Domingo de Pascua

V Domingo de Pascua

Mar, 27 Apr 21 Lectio Divina - Anno B

Las lecturas bíblicas nos van ayudando a entrar cada vez con mayor fuerza en la vida nueva del Resucitado y las consecuencias que tiene para la comunidad cristiana. No debemos cansarnos de celebrar nuestra fiesta principal, que dura siete semanas: nuestra fe cristiana es fundamentalmente alegría y visión optimista.

Que dice el texto
El pasaje de este domingo, forma parte del llamado ”discurso de despedida de Jesús". Un discurso que Jesús pronuncia durante la última cena y es como un testamento espiritual que ofrece orientaciones a sus seguidores para que sepan cómo conducirse cuando falte el Maestro. Igual que la alegoría del Buen Pastor que leímos el domingo pasado, la de la vid y los sarmientos está cargada de resonancias bíblicas. Con ella la comunidad Joanica expresó la relación cercana y personal que debe establecerse entre Jesús Resucitado y el auténtico discípulo.
La imagen de la vid ya había sido utilizada por los profetas para referirse al pueblo de Israel.
Yahvé cuida con amor de su viña, pero Israel, que debía dar frutos de fidelidad a la alianza, no responde adecuadamente. “Viña predilecta, elegida, viña plantada sobre una colina fértil, en un lagar con la tierra limpia, arda, libre de piedras, viña custodiada, labrada, amada y plantada por Dios mismo” (cf. Is 5, 1-7; Jr 2,21)
En boca de Jesús, esta alegoría afirma que Él es la verdadera Vid. Que el verdadero pueblo ya no es Israel, sino la comunidad fundada por Jesús: a ella estamos llamados todos los hombres. “Yo soy la Vid verdadera y mi Padre es el viñador” El Padre corta las ramas que no dan fruto y poda las ramas fructíferas, para que den más fruto.

El Padre poda a los que ama. Corta nuestros brotes malignos: soberbia, comodidad, envidia… Nos poda por medio de los demás: los que nos critican, siembran injusticias, hacen sufrir al prójimo… somos podados por las cruces que la vida y los demás nos ponen encima. El seguimiento de Jesús exige renuncia: “Si alguno quiere venir detrás de mi… tome su cruz y me siga" (Lc 9,23). Jesús trae consigo una purificación nueva, la prometida desde hace tiempo por las Escrituras, la del corazón y la conciencia.

Meditación:
Que me dice el Señor en el texto.

Desde el día de nuestro bautismo estamos injertados en Cristo, somos sarmientos suyos; de Él tomamos la savia que es la vida divina, la gracia santificante. La unión con Jesús es necesaria para que las ramas produzcan frutos. La imagen de la vid y los sarmientos nos ayuda a comprender la unión íntima entre el Señor y sus discípulos. De la misma manera que las ramas están unidas al tronco y recibe la savia de él y así es capaz de mantenerse viva y dar fruto, el cristiano no puede vivir sin Cristo, sin estar unido íntimamente a Él.
Esta unión íntima se manifiesta en la oración, en el trato personal con Jesús en un diálogo de amigo a amigo y, sobre todo, en la vida sacramental. En los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, el Señor nos ofrece la savia que vivifica y santifica nuestro ser cristiano.
“La gloria del Padre, consiste en que den fruto abundante y así sean mis discípulos” (Jn 15,8).
El Pasaje sobre la vid, los sarmientos y los frutos, que recoge el evangelio de San Juan, es de perenne actualidad. Nos habla del Padre, de Jesús y de cada uno de nosotros sus discípulos. El fruto que Dios espera de nosotros es la santidad de una vida fiel a sus mandamientos, especialmente al mandamiento del amor.

Nuestra primera tarea hoy y siempre es “permanecer” en la vid, no vivir desconectados de Jesús, no quedarnos sin savia. Hemos de esforzarnos para que las palabras de Jesús permanezcan en nosotros.
“El que permanece en mí…” permanecer en Él es vivir en sintonía con la Palabra, hacer de ella la norma de tu vida, vivir el amor fraterno en verdad, preocuparte por el que pasa necesidad, está solo… Jesús nos ha dicho que si no estamos unidos a la vid no tenemos vida, no damos fruto. 
Para ser discípulo de Jesús no basta con estar informado sobre Él, es necesario “permanecer” en Él. 

Que facilidades y que dificultades encuentro para estar unido a Él?  
En qué se tiene que notar que estamos verdaderamente unidos a Jesús?
Cómo se alimenta mi vida, de donde recibo la savia que necesito para ser un sarmiento injertado en Cristo
Que motivos de alegría y de esperanza me ofrecen la lectura de estos textos evangélicos?

La oración te va adentrando en una identificación con Jesús tal que puedas exclamar: “Vivo yo, pero no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20).  Unidos a Jesús obtendremos lo que pidamos, porque Él nos alcanza la sintonía con la voluntad del Padre.

Oración:
Que respondo al Señor que me habla en el texto?
Ayúdame, Señor, a permanecer en ti, a unirme a ti, a dejar que pase tu savia de vida y de amor por mi.
Tú sabes de mis flaquezas, de mis debilidades, que impiden tu trabajo de poda en mí. Poda sin miedo, Señor. Deseo dar fruto, ofrecer vida, deseo ser rostro humano y cercano del Padre, aunque sea muy confusa su imagen en mí... Deseo, Señor, que en mí te vean y yo sepa verte en ellos, deseo ser sarmiento que se prolongue desde Dios a mis hermanos los hombres.

Contemplación:
Como reflejo en mi vida lo que me dice Dios en el texto?
Contempla que Jesús te dice, “Yo soy la vid… sin mí no puedes hacer nada…” (cf Jn 15,4). 
¿Cómo acoges su Palabra? ¿Qué va a cambiar en ti?

Acción: Agradece al Señor que te mantenga unido a la Vid y ayuda a otras personas a que vivan unidas a la Vid que es Jesús.