VI Domingo del Tiempo Ordinario

VI Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 08 Feb 21 Lectio Divina - Anno B

El Evangelio de este domingo VI domingo del tiempo ordinario nos muestra como Jesús acoge a un leproso. En aquel tiempo, los leprosos eran las personas más excluidas de la sociedad, evitadas por todos. La lepra es la enfermedad que reúne todas las desdichas que llevan a un rechazo por parte de la sociedad. El horror que inspira ha hecho nacer la creencia de que era un castigo de Dios y el hecho de que se lo creyese contagiosa motivó la obligación para el leproso para vivir apartado de los lugares habitados. El leproso es declarado impuro. No podía participar en ninguna cosa. Antiguamente la falta de medicinas eficaces, i el miedo del contagio y la necesidad de defender la vida de la comunidad, obligaba a las personas aislarse y a excluir a los leprosos. Además, entre el pueblo de Dios, uno de los deberes mas sagrados, se llego a pensar que fuese una obligación divina la exclusión del leproso, porque era el único modo de defender a la comunidad contra el contagio de la muerte. Por esto, en Israel, el leproso se sentía impuro y excluido no solo de la sociedad, sino hasta de Dios (cf Lev 14,1-32). De todos modos, poco a poco, en la medida en que se descubría mejores remedios y sobre todo la gracia a la experiencia profunda comunicada por Jesús respecto a Dios nuestro Padre.

Los leprosos comenzaron a se acogidos y reintegrados, en nombre del mismo Dios, como hermanos en la convivencia humana.
A pesar de dos mil años de cristianismo, la exclusión y la marginación de ciertas categorías de personas continúan hasta hoy, tanto en la sociedad como en la Iglesia.  Por ejemplo, los enfermos de sida, los emigrantes, los homosexuales, los divorciados, los enfermos de COVID 19, etc. ¿Cuáles son hoy en tu país, las categorías de personas excluidas y evitadas en la sociedad y en la Iglesia? 
Con estas preguntas nos disponemos a leer y meditar el evangelio de este domingo.

Una división de texto para ayudarnos en su lectura.
Marcos 1,40: La situación de abandono y de exclusión de un leproso.
Marcos 1,41-42: Jesús acoge y cura a un leproso.
Marcos 1, 43-44: Insertar de nuevo a los excluidos en la convivencia humana.
Marcos 1,45: El leproso proclama el bien recibido por Jesús, y Jesús se convierte en un excluido.

Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, olvidados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.
Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: "Dios hace salir su sol sobre buenos y malos". Así es él.

Por eso a veces, reclama con fuerza que cesen todas las condenas: "No juzguéis y no seréis juzgados". Otras, narra una pequeña parábola para pedir que nadie se dedique a "separar el trigo y la cizaña" como si fuera el juez supremo de todos.
Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de "hombre de Dios" comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.

Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores". Jesús no se defendió. Era cierto, pues en lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.
Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.

De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero. Queda limpio». Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, psicóticos, inmigrantes, homosexuales...) o los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida, nos estamos alejando gravemente de Jesús.

Oración
Meditamos la palabra de Dios con estas preguntas

  1. ¿Qué punto de este texto te ha gustado más y cuál te ha llamado más la atención? ¿Por qué?
  2. ¿Cómo se expresa en este texto la marginación de los leprosos?
  3. ¿Cómo Jesús acoge, cura y reintegra al leproso? Intentemos observar bien todos los detalles
  4. ¿Cómo imitar hoy la conducta de Jesús con lo excluidos?

Jesús toca el leproso sin temor a contagiarse; tampoco se preocupa por la impureza legal que al tocarlo podía contraer. Jesús ha logrado algo más importante que la curación: que este leproso salga de su marginación. La buena nueva no se queda en palabras, sino que donde haya sido recibida ya no habrá personas marginadas. Jesús no tiene solamente poder para curar sino también para perdonar los pecados; vino a curar al hombre entero alma y cuerpo.
Su conmosión hacia todos los que sufren llega a identificarse con ellos: “estuve enfermo y me visitasteis”