XV Domingo del Tiempo Ordinario

XV Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 05 Lug 21 Lectio Divina - Anno B

Este es el XV Domingo del Tiempo Ordinario, y la liturgia nos sigue conduciendo en la lectura del Evangelio del Apóstol San Marcos. Este es un texto que tiene un carácter profundamente “apostólico”, ya que describe muy bien el llamado, envío y misión de los Apóstoles. El termino apóstol, proviene del griego, y significa “enviado”.
El Padre ha enviado a su Hijo a la tierra y el Hijo a su vez envía a sus apóstoles. El Padre envía a los mensajeros de su palabra, pero también envía su Espíritu para que toque el corazón y el espíritu de los que escuchan. Los sucesores de los apóstoles serán, como ellos, misioneros. Aquellos que fueron llamados en la montaña y fueron constituidos “para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar demonios” (3,14-15), los “Doce” (3,16), comienzan a realizar lo que han aprendido de Jesús y con la misma autoridad que él les confiere.
Marcos coloca los términos que evocan un acto solemne. El envío tiene que ver con la esencia de la vocación. El número “Doce”, que evoca a los doce patriarcas de Israel, deja ver la intención de Jesús de reconstituir al pueblo de la Alianza. La misión de Jesús está conectada con la realización del proyecto de Dios iniciado con el pueblo por medio del cual convocaría al mundo entero a la comunión con el Dios revelado en la historia y a la fraternidad y así comenzando la tercera etapa del ministerio de Jesús; organiza una misión por toda la provincia. Hasta entonces los apóstoles habían actuado al lado de Jesús, ahora ya no es sólo Jesús, sino todo el grupo va a anunciar la Buena Nueva de Dios al pueblo. Si la predicación de Jesús ya causaba conflicto, cuanto más ahora, con la predicación de todo el grupo. Si el misterio ya era grande, ahora va a ser mayor aún con la misión intensificada.
Jesús es un educador. No le basta con enseñar a sus seguidores, sino que exige que cooperen en su propio trabajo. Los apóstoles deben proclamar su fe y obrar curaciones como su Maestro, comunicando en forma sencilla lo que han descubierto del Reino de Dios. Jesús fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. El envío en parejas da sentido comunitario a la misión y apoya el testimonio de cada apóstol y testigo en el del otro: “Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”.
 Las instrucciones del Maestro abarcan estos puntos: campo de acción, tema de predicación, obras de beneficencia, total desinterés, pobreza y austeridad, hospedaje, perspectiva de fracaso. Los apóstoles deben ser conscientes de lo que proclaman: Dios se hizo presente. Por eso se obligan a vivir al día, confiados en la providencia del Padre. No deben acobardarse en el momento de predicar, sino ser conscientes de su misión y de su poder.
El aceite se usaba en ese tiempo como remedio; más allá del bienestar, las mejorías serán el signo de una sanación espiritual, la del hombre que se reconcilia con Dios. Jesús ya se preocupa por formar comunidades. Envía a sus apóstoles de dos en dos, para que su palabra no sea la de un hombre solo, sino la expresión de un grupo unido en un mismo proyecto. También les pide que se queden fijos en una casa y que se hospeden en una familia, que será el centro desde donde se irradiará la fe.
A partir de aquí vemos cómo Jesús compromete más a los apóstoles en lo que él hace en medio de un camino que no conoce reposo y que lo lleva incluso fuera de Galilea (ver 7,24.31). La misión de la Iglesia entera es prefigurada y regulada por este gesto de Jesús.
La Iglesia debe realizar su misión evangelizadora al estilo de los primeros apóstoles, no fundamentada en los medios humanos (a veces útiles para la misión) sino, sobre todo, apoyados en la fortaleza de Quien los envía.
La acogida y el rechazo son notas características de la misión. El discípulo, como Jesús, tiene que proclamar y brindar el mensaje. Ante el rechazo, el misionero ha de comprender que el Evangelio no es una instrucción; es un mensaje que compromete, que confronta toda la vida, que lleva división allí donde supuestamente había paz. La misión es una lucha permanente contra las fuerzas del mal. El misionero es testigo, que vive según lo que predica. El evangelizador no es únicamente un maestro que enseña una doctrina. Es el testigo que se compromete con la causa del Evangelio y que propone la conversión, el cambio de vida y que ha entendido que el amor cristiano es misionero.