XVI Domingo del Tiempo Ordinario

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 12 Lug 21 Lectio Divina - Anno B

El Domingo anterior veíamos a Jesús enviando a los suyos a misionar. Hoy le vemos en una «reunión programada para compartir las experiencias vividas» por los discípulos a la vuelta de «las prácticas de pastoral» que les impuso. Es un momento humano, de comprensión, de revisión, de exigencia humana normal: contar lo que pasa. Inmediatamente después Jesús les invita al descanso: «Venid a un sitio tranquilo a descansar».
En varias ocasiones los evangelistas presentan a Jesús buscando la soledad. Lo nuevo ahora es que la busca para los suyos y la disfruta con los suyos. No son casuales estos detalles de reposo y de silencio que Jesús prepara para los suyos, justo al regresar de las tareas de anuncio de reino de Dios. Es en el silencio y en la soledad donde se aprenden caminos de encuentro con Dios que no proporcionan ni las aulas ni los libros.

Hay susurros y brisa de Dios que sólo se perciben cuando uno se retira y «aguanta» el silencio y la soledad. Hay lecciones que Dios sólo imparte en la paz y en la tranquilidad. Preocupados por hacer y ser eficaces, creemos que el éxito de nuestras empresas misioneras está en «cansarnos por el Reino de Dios hasta desgastarnos». Conviene recordar y escuchar esta invitación de Jesús: «Venid a un sitio tranquilo a descansar».
Tenemos que confesar que nos da más seguridad lo que hacemos que lo que «nos permitimos» o «regalamos para nosotros mismos». La paz y el silencio, en muchos lugares de planificación de actividades apostólicas, son vistos como «súper lujo». No entran en la programación. Eso que nos perdemos porque quizá nuestra acción pastoral se revelará «ausente» de silencio, de interiorización, de ese hervor que dan las cosas rumiadas en paz.
El relato evangélico de hoy presenta la realidad de la vida: Jesús buscando un lugar tranquilo para los suyos, y la gente adelantándose para no dejarles tranquilos... El hecho recuerda tantas realidades de pastores que se sienten reflejados en la escena. «No tener tiempo para nada», «no tener tiempo para Dios por querer anunciar a Dios sin descanso» es algo que se suele oír con frecuencia. Y sin embargo, hay que saber perder tiempo con Dios para darle la oportunidad de que nos diga lo que sólo Él puede decirnos.
Quienes sean capaces de buscarle e ir al lugar del silencio, al lugar de la paz y de la tranquilidad, donde Jesús lleva a los suyos, realmente entenderán las cosas de Dios porque no les asusta el silencio. Dios tendrá lástima de nosotros y nos dará su tiempo cuando corramos allí donde Él nos está esperando.
Finalmente este apunte: Jesús invita a descansar a los que se han cansado. Si queremos que nos invite a descansar, nos tendremos que dar a las tareas del Reino... Jesús manifiesta mimo y detalles con aquellos que tienen como tarea el anuncio del Reino.

Contexto
Seguimos, como el domingo anterior, en la tercera sección de la segunda parte del evangelio de Marcos que nos conduce de Nazaret, donde ha sido rechazado, hasta Cesarea de Felipe, donde es reconocido como Mesías por Pedro, portavoz de los apóstoles. Es la continuación del hilo que dejamos el domingo pasado centrado en la llamada de los apóstoles y en un primer envío a evangelizar. Ahora nos explica Marcos la vuelta de los doce.

Estructura del texto
- en torno a Jesús se reúnen los misioneros,
- a él le reportan todo lo que han dicho y hecho
- Jesús toma la iniciativa de llevárselos aparte a descansar
- Invitación a descansar: v. 31
- la motivación principal del descanso: v. 31b
- El viaje de Jesús y los apóstoles: v. 32-33
- El encuentro de Jesús con las multitudes: v. 34

Meditación
Jesús lo vivía todo desde la compasión. Era su manera de ser, su primera reacción ante las personas. No sabía mirar a nadie con indiferencia. No soportaba ver a las personas sufriendo. Era algo superior a sus fuerzas. Así fue recordado por las primeras generaciones cristianas. Pero los evangelistas dicen algo más. A Jesús no le conmueven sólo las personas concretas que encuentra en su camino: los enfermos que le buscan, los indeseables que se le acercan, los niños a los que nadie abraza. Siente compasión por la gente que vive desorientada y no tiene quien la guíe y alimente.
El evangelista Marcos describe lo que sucedió en alguna ocasión junto al lago de Galilea. De todas las aldeas llegaron corriendo al lugar en el que iba a desembarcar Jesús. Al ver a toda aquella gente, Jesús reacciona como siempre: «Sintió compasión porque andaban como ovejas sin pastor». Jesús parece estar recordando las palabras pronunciadas por el profeta Ezequiel seis siglos antes: en el pueblo de Dios hay ovejas que viven sin pastor; ovejas «débiles» a las que nadie conforta; ovejas «enfermas» a las que nadie cura; ovejas «heridas» a las que nadie venda. Hay también ovejas «descarriadas» a las que nadie se acerca y ovejas «perdidas» a las que nadie busca (Ezequiel 34).
Mientras nosotros analizamos las causas del deterioro social y de la crisis eclesial; mientras discutimos sobre la posición que ha de tomar la Iglesia en una sociedad secularizada; mientras nos descalificamos unos a otros y condenamos fácilmente todo lo que nos irrita, hay entre nosotros muchas, muchísimas «ovejas sin pastor».
Gente sola a la que ninguno tiene tiempo de escuchar. Esposas y esposos que sufren impotentes y sin ayuda alguna el derrumbamiento de su amor. Jóvenes que abortan presionadas por el miedo y la inseguridad, sin el apoyo y la comprensión de nadie, familias enteras afectadas por el virus mundial que destruye la vida. Personas que sufren secretamente su incapacidad para salir de una vida indigna. Alejados que desean reavivar su fe y no saben a quien acudir.
Pidamos al Señor su gracia para acudir como María al encuentro de tantos que necesitan nuestra cercanía.