Bautismo del Señor

Bautismo del Señor

Lun, 03 Gen 22 Lectio Divina - Anno C

Hoy celebramos el Bautismo del Señor, con esta fiesta culminamos el ciclo natalicio y comenzamos el tiempo litúrgico ordinario durante el año. El Bautismo de Jesús es un acontecimiento importante, ya que marca el inicio de su vida pública. Comienza la lectura diciéndonos que el pueblo estaba a la expectativa ante la persona de Juan el Bautista. Esto se debe a que Israel durante varios años vivió una “ausencia” de profetas en su pueblo, y la llegada de Juan significó una buena noticia. Por fin había de nuevo un profeta cuya vida también le acreditaba como tal. Notablemente diferente a los demás, por su estilo de vida, su forma de hablar y su mensaje, constituía un nuevo paradigma que difícilmente tendría similitudes a otros.  Era tan grande la impresión causada por este, que muchos comenzaron a señalarlo como el Mesías esperado.
Por aquel tiempo, Juan invitaba a un bautismo que se distinguía de las acostumbradas abluciones religiosas. Este bautismo se caracteriza por no ser repetible, y por ser la consumación concreta de un cambio que determina de modo nuevo y para siempre toda la vida. Está vinculado a un llamamiento ardiente a una nueva forma de pensar y actuar, está vinculado sobre todo al anuncio del juicio de Dios y al anuncio de alguien más Grande que ha de venir después de él.
Juan bautiza con agua, pero el más Grande, aquel que bautizará con el Espíritu Santo y con el fuego, está por llegar. Y Juan reconoce la autoridad y el honor de esta persona, a la que afirma que no es digno de desatarle la correas de las sandalias.
Jesús quiere ser bautizado, y se mezcla entre la multitud de pecadores que esperan a las orillas del Jordán. Puesto que el bautismo de Juan comporta un reconocimiento de la culpa y una petición de perdón para poder empezar de nuevo, este sí a la plena voluntad de Dios encierra también, en un mundo marcado por el pecado, una expresión de solidaridad con los hombres, que se han hecho culpables pero que tienden a la justicia. De esta manera Jesús carga con la culpa de toda la humanidad; y entró con ella en el Jordán.
Lucas nos dice que Jesús recibió el bautismo mientras oraba, es decir, entra en diálogo con el Padre. El Cielo se abre, y el Espíritu Santo baja sobre Jesús como una paloma, y se oye una voz del cielo que se dirige a Jesús “Tú eres mi hijo querido, mi predilecto”. El Espíritu Santo es representado “como una paloma”, probablemente, a causa del primer versículo del Génesis, donde el Espíritu de Dios, según la tradición judía, aleteaba sobre las aguas “como una paloma”. Este símbolo evocaría entonces la nueva creación inaugurada en el bautismo de Jesús.
La imagen del cielo abierto nos habla de la plena comunión de Jesús con la voluntad del Padre, y a ello se añade la presencia del Espíritu Santo: las tres personas de la Santísima Trinidad.

Para orar 

  • Gracias, Padre, porque me tienes como tu hijo amado, junto a Jesús.
  • Gracias, Jesús, porque asumes mis pecados y los ahogas en las aguas bautismales.
  • Gracias, Espíritu, porque me unges con tu fortaleza para colaborar en el Reino.
  • Gracias, Iglesia, porque me siento en mi casa y en mi familia con otros hermanos.

Para contemplar

  • A Jesús que asume todos nuestros pecados y los sepulta para siempre.
  • A Jesús inundado de gozo al recibir el abrazo de amor del Padre y del Espíritu.
  • A mí mismo, que, con Jesús y gracias a Él, me siento también hijo amado del Padre.

Para actuar 

  • Seré agradecido por el don de la fe que me abre a la misión de ser apóstol del Evangelio.
  • Sentiré la voz del Padre, que a mí me dice: Tú eres mi hijo amado, el predilecto.
  • Recitamos el salmo 29:Gloria y alabanza a nuestro Dios.