III Domingo de Adviento -  Gaudete

III Domingo de Adviento - Gaudete

Mar, 11 Dic 18 Lectio Divina - Anno C

Seguimos nuestro recorrido en este hermoso Tiempo del Adviento, en el que acompañados por nuestra Madre la Iglesia, hemos ido comprendiendo cómo tenemos que prepararnos al encuentro con el Señor Jesús Glorioso, que  vendrá un día para juzgar a vivos y a muertos, verdad que profesamos cada domingo junto a nuestras comunidades parroquiales. Y, poco a poco nos vamos acercando al tiempo propiamente de la Navidad.

Hoy es el domingo que, en la liturgia conocemos como Domingo de gaudete, es decir, alégrense, regocíjense; son palabras que encontramos en la antífona de entrada y que son tomadas de la exhortación de san Pablo a los Filipenses 4, 4. 5: Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca. Un signo bonito, es el que hoy se puede cambiar el color violeta de los ornamentos, propio del adviento, por el rosado, expresión de la alegría porque el Señor ya se acerca… también encendemos hoy la tercera vela, la rosada.

Continuamos hoy con San Juan Bautista. El domingo anterior lo contemplábamos afirmando que bautizaba con agua para el perdón de los pecados, llamaba a la conversión (Metanoia en griego, que significa, cambiar de mentalidad, de la manera de pensar y actuar), y anunciaba el reino. Hoy San Lucas, va a especificar qué aspectos son necesarios para convertirnos. Entremos a lo íntimo de nuestro corazón, pidamos la luz del Espíritu Santo para que acojamos con amor esta Palabra y sea ella la que transforme nuestra vida:

Lucas 3, 10-18
¿Qué dice el texto?
Podemos dividirlo en dos partes, 3, 10-14 y  3, 15-18.

3, 10-14: Juan, el profeta, el precursor, la voz que grita en el desierto (Is 40, 3) está cumpliendo la profecía y está explicitando en qué consiste la conversión. El pueblo que lo escucha con respeto y atención, se interroga y le preguntan directamente “qué debemos hacer”. Su respuesta es sabia porque responde a cada uno según su condición:

3, 11: responde de manera general a la multitud, con elementos básicos para el bienestar del ser humano: El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; otro tanto el que tenga comida.
3, 12-14: En seguida las respuestas son específicas para algunos recaudadores de impuestos y para los soldados: No exijan más de lo que está ordenado. No maltraten ni denuncien a nadie y conténtense con su sueldo.
3, 15-18, es la segunda parte de esta perícopa, en la que, podríamos afirmar, el pueblo impresionado con la manera vehemente de responder Juan, comienza a preguntarse ¿si no sería él el Mesías esperado? De hecho, no es superficial la afirmación del mismo Señor: “Os digo que entre los nacidos de mujer, no hay nadie mayor que Juan”  Lc 7, 28. Veían algo extraordinario en este hombre.

En seguida está la respuesta de Juan, que acepta cuanto él hace pero definitivamente presenta al Señor Jesús como el Mesías anunciado por los profetas y la misión que debe realizar:
“Yo los bautizo con agua; pero viene Uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno de soltarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego”.
Al terminar este texto, deja explícito que su mensaje no queda vacío o es en vano, conlleva una responsabilidad por lo que habrá que dar cuentas al Juez Misericordioso:

“Ya empuña la horquilla para limpiar su cosecha y reunir el trigo en el granero, y quemará la paja en un fuego que no se apaga. Con otras muchas palabras anunciaba al pueblo la Buena Noticia”.

 Meditación
Es el momento de adentrarnos desde nuestro corazón a este texto tan enriquecedor para nuestra vida, no solo a nivel espiritual, sino también humana. En Colombia, Ecuador, Perú y otros países, estamos viendo la triste salida de nuestros hermanos venezolanos de su país y cómo llegan a los nuestros. Como cristianos, será que estamos haciendo evidente nuestra conversión según la llamada de Juan el Bautista, a dar también de nuestras cosas materiales, vestido, alimento… para ellos, que están en el exilio, que han tenido que dejarlo todo en busca de un mejor futuro para sus familias. Qué importante que hoy examinemos nuestras conciencias de cómo los estamos recibiendo y acogiendo, teniendo claro que es el mismo Jesucristo que peregrina en ellos y nos está pidiendo, techo, pan, vestido. ¿Cuál es nuestra actitud? Y sabemos que no solo se trata de compartir cosas materiales que son básicas pero también lo son una sonrisa, un abrazo, un tono de voz fraternal… y para quienes están a nuestro lado. Es decir, el cambio de vida es radical.

Y en un segundo momento, examinemos si en nuestro quehacer, sea pastoral o en otros servicios o ámbitos, ponemos por delante al Señor o nos estamos presentando a  nosotros mismos, buscando gratificaciones humanas como el aplauso, el reconocimiento la fama… Qué bonito que en la cotidianidad nuestra vida muestre a Cristo, y todo lo que somos y hacemos sea anuncio de la Buena Nueva, del anuncio del Reino, corazón a corazón, persona a persona, ante todo con nuestro testimonio de vida. Si es así, alegrémonos, una vez más nos lo repite san Pablo, alégrense en el Señor. Estemos alegres en él.

Contemplación
Cerremos nuestros ojos, nuestros oídos para escuchar solamente la voz del Precursor del Mesías. Adentrémonos en el texto y hagamos parte de sus oyentes e intentemos concretar ¿Qué tenemos de demás, que ya no nos pertenece… y no hemos entregado a sus verdaderos dueños, los pobres? ¿Cuáles son esos aspectos que en la vida obstaculizan nuestra verdadera felicidad? ¿Qué retarda la llegada del Señor a nuestros corazones? ¿Cómo estamos viviendo este adviento?

Acción
No perdamos el horizonte que la Santa Iglesia nos indica en este tiempo de adviento; que los alumbrados no sean una distracción para nosotros, pues en muchos sitios han perdido el tono de la Navidad como tal, están perdiendo su sentido cristiano, gozando de una belleza extraordinaria, con mensajes ecológicos y demás, pero que sin darnos cuenta, vamos dejándonos robar el espíritu de la contemplación del Niño Dios en el Pesebre, el Misterio de la Encarnación. Que estemos atentos a nuestro lenguaje: no son felices fiestas o fiestas decembrinas, es feliz Navidad o Fiesta de la Navidad…

Oración
Vamos a continuar nuestra reflexión meditando en la Oración colecta para este III Domingo de Adviento.

Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo
espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo;
concédenos llegar a la Navidad,
fiesta de gozo y de salvación,
y poder celebrarla con alegría desbordante.
Por nuestro Señor Jesucristo.