VI Domingo de Pascua

VI Domingo de Pascua

Lun, 16 Mag 22 Lectio Divina - Anno C

El evangelio de hoy nos presenta la tercera y última parte de la Oración Sacerdotal, en la que Jesús mira hacia el futuro y manifiesta su gran deseo de unidad entre nosotros, sus discípulos, y para la permanencia de todos en el amor que unifica, pues sin amor y sin unidad no merecemos credibilidad.

20-26: La oración se abrió con dos sub-secciones: Jesús, que ha dado a conocer a Dios, ora por su propia glorificación (v. 1-5) y comenta la fe y el conocimiento de los discípulos (v. 6-8). Una estructura paralela retorna en esta sección final. Jesús pide que Dios sea dado a conocer mediante la unión de todos los que creen en él (vv. 20-23), que resulta en una unión de amor entre el Padre, el Hijo y todos los creyentes, compartiendo su glorificación, que continuará dando a conocer a Dios (v. 24-26). La sección se desarrolla como sigue: 1. Una unión que da a conocer a Dios (v. 20-23). Jesús ruega que la unión de todos los que crean en él por la palabra de los discípulos pueda dar a conocer a Dios. Esta sub-sección de la oración se caracteriza por la repetición de «para que todos sean uno» (v. 21.22.23). 2. Glorifica (v. 24- 26). Jesús pide que todos los creyentes vean su gloria y sean integrados en la unión que une al Padre y al Hijo, dando a conocer, así, a Dios. Esta sub-sección se abre con un cambio de forma literaria. Jesús expresa su voluntad (v. 24) más que una petición (cf. v. 1.9.20).

 Comunidad del futuro
El texto inicia con una oración con perspectiva del futuro, pues Jesús prevé que sus discípulos marcharán como predicadores de la palabra y que reunirán  correligionarios en un grupo. Las frases tienen que ver con la visión de futuro que el narrador de la historia posee. La muerte de Jesús abre un futuro que es significativo para todos los hijos de Dios. Él reunirá a los hombres en una unidad que se asemejará la unidad entre el Padre y el Hijo.

Unidad
El núcleo de la petición de Jesús es la unidad de los futuros creyentes, entre ellos con Jesús y con Dios, como el Hijo con el Padre. En el Antiguo Testamento se sintió ansia de unidad de un pueblo dividido por el cisma (Ez 37, 15-28), un salmo canta el gozo de la “unidad fraterna”, bendición de Dios, fuente o signo de “vida para siempre” (Sal 133). La unidad del evangelista Juan procede de Dios, la crea Jesús comunicando la gloria del Padre, es comunicación compartida, con Dios y en una comunidad. La unidad de los creyentes será un signo para que el mundo pueda creer en Jesús como enviado de Dios.

Gloria
La Gloria en este evangelio de Juan es entendida como la manifestación de Dios y de su poder en la historia. La revelación de la gloria de Jesús se consuma en su entrega de amor, una entrega que llega hasta la muerte. Esta gloria del amor es la que Jesús dio y sigue dando a los suyos. La comunicación de la gloria a los suyos realiza en ellos la condición de hijos, al poseer la misma filiación, todos serán uno. La gloria dada ofrece como alternativa ante el mundo, el ámbito de Dios, la esfera del amor y la vida. Se entrega con y como Jesús manifestando así el amor gratuito y generoso del Padre y constituyéndose, como Jesús, en su don a la humanidad.

Para reflexionar
 ¿Me siento parte de la comunidad por la que Jesús oró? ¿En qué hechos concretos?
¿Manifiesto la gloria recibida de Jesús en el trato con el prójimo? ¿De qué manera?
¿A qué me comprometo con Dios, sabiéndome parte de la comunidad por la que Él oró y sigue orando?