XIV Domingo del Tiempo Ordinario

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

Mar, 02 Lug 19 Lectio Divina - Anno C

Jesús está en camino hacia Jerusalén, hacia el final de su vida. La liturgia de la Palabra presenta la Iglesia en camino y las exigencias de la misión: la pobreza y la cruz– en espera de la alegría y unión de todos los pueblos en la nueva Jerusalén. El evangelio de Lucas nos narra la misión de los setenta y dos  a diferencia de los doce que es una misión distinta ellos lo han dejado todo y siguieron a Jesús, con los setenta y dos ha llamado a hombres y mujeres dedicándose a establecer al Reino de Dios en este mundo viviendo en su gracia y continua en la eternidad. Jesús los envía de dos en dos signo de apoyo, unidad y amor invocando a Dios primero, ya que la soledad impide pensar en los demás y entrarme a mí mismo, el propósito de enviarlos juntos es abrir los caminos del Señor como lo hizo Juan el Bautista.

La invitación de rogar al dueño de la mies que envié obreros a su mies y las instrucciones que son dadas muestra una plena confianza en el Señor, no lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias, Jesús en este momento nos habla a mí y a ti hacer parte de esta gran  misión, pues somos pocos. Esta situación nos debe interrogar ¿hago la voluntad de Dios? ¿Cómo estoy aportando para ayudar a la construcción del reino? Aceptar su misión y sus instrucciones es un desprendimiento de todo aquello que impida seguirle, confiar en Él permite decir Señor tú tienes el timón de este nuevo viaje en mi vida aunque hayan días oscuros Él es la luz de la esperanza y decir nada temo porque tú vas conmigo.

Jesús también les dice que no saluden a nadie en el camino. Eso parece un poco fuerte, a menos que entiendas cómo se saludan los del Medio Oriente, que es un saludo formal y consume mucho tiempo. ¡Jesús advierte a los misioneros que si se detienen para saludar a todos los que se encuentran en el camino, nunca llegarán a la siguiente aldea!.

“Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. “Pero no se alegren que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”. Tener sus nombres escritos en el cielo les da mucho más privilegio que el que les da su recién encontrado poder sobre demonios. Los discípulos han sido ciudadanos de una pequeña nación ocupada, obligados a pagar tributos a los romanos, obligados a cargar las penas del soldado romano de kilómetro a kilómetro, requeridos a obedecer al gobernador romano. Ahora son ciudadanos del reino de Dios. Su poder sobre demonios sí es causa para regocijo, pero su ciudadanía en el reino es el mayor regalo.