III Domingo de Cuaresma

III Domingo de Cuaresma

Seg., 18 Mar. 19 Lectio Divina - Ano C

Después de haber recorrido la etapa inicial de la cuaresma, en la cual pusimos nuestra atención en el misterio de pasión y gloria (evangelio de las “tentaciones en el desierto” y la “transfiguración en la montaña”), paradoja que despejó la ruta del caminar cuaresmal, a partir de hoy comenzamos una serie de tres domingos que nos traen de nuevo a la escuela en la que se aprende a ser discípulo: la escuela del perdón. El Señor nos invita a renovar nuestra vida volviendo a las aguas bautismales donde se muere al pecado y brota el hombre nuevo en Cristo Jesús.

Estructura del texto

El evangelio de (Jn 4, 5-42) nos relata el encuentro  entre Jesús y la samaritana
(Jn 4:1-4) Explica la partida de Jesús hacia Galilea y su paso por Samaria.
(Jn 4:5-26) La conversación de Jesús con una mujer samaritana.
(Jn 4:27-38) La conversación de Jesús con sus discípulos.
(Jn 4:39-42) El contacto con los hombres de Samaria.

La samaritana mujer que llega al pozo en busca de agua tiene sed de paz, felicidad, de vida, buscaba, buscaba y no lo encontraba se sentía sin horizonte hasta que se relaciona con Jesús, ella se muestra sincera y lo reconoce como profeta, Jesús se dirige con una atención afectuosa e inician un dialogo en donde los dos van en busca de agua, agua que quita la sed y agua que da la vida eterna.

La realidad de nuestro tiempo el hombre va en busca de completarse por medio de los vicios como la droga, alcohol, sexo entre otros sintiendo una felicidad momentánea, aun así entre más se busque ocultar la realidad que cada uno vive en su interior solo Dios es el que nos conoce, conoce el interior de nuestro corazón a nosotros solo nos queda obedecerle, no  nos podemos engañar a nosotros mismo mostrándonos felices y solo dura un instante, a causa del daño que se ha hecho el interior del corazón empieza a generar un sentimiento de culpabilidad que causa heridas difícil de cicatrizar, por lo tanto se da inicio al autoconocimiento de la propia vida reflexionando y llegando al encuentro con Cristo aquel que lava las heridas y las cura, utilizando los medios como la confesión tiempo para arrepentirse hablar con sinceridad tratando de llevar una vida religiosa, estar en paz con Dios, consigo mismo y los demás.

La mujer samaritana estaba realmente muy enferma y necesitada. Por un lado había tenido cinco maridos. La misma cantidad de matrimonios, seguramente en rápida sucesión, muestran su fracaso y tragedia. Y finalmente, dejando a un lado la "formalidad" del matrimonio, la mujer estaba viviendo con un hombre con el que no se había casado. Y aunque ella quisiera justificarlo, algo que no parece que hiciera, estaba viviendo en pecado.

Habiendo llegado a este punto, es importante que nos demos cuenta de cómo valora el Señor ciertos comportamientos que han llegado a ser "normales" en nuestros días. Por un lado están aquellos que acumulan divorcios y nuevos matrimonios. La idea de una unión para toda la vida parece haber quedado obsoleta en la mente de la mayoría. Tomemos buena nota de que al intentar ganar almas para Cristo, nunca hemos de evitar la cuestión del pecado. Sólo los que reconocen que están perdidos pueden ser salvados. Pero ¡cuán pocos son los que están dispuestos a admitir su situación! la gracia y la ternura del Señor no le impedían declarar la verdad, aun cuando ésta no fuera del gusto del oyente. Así pues, afirmó de manera categórica algo que a la mujer samaritana seguramente no le agradó: "La salvación viene de los judíos". Esto implicaba necesariamente que los samaritanos estaban equivocados en el camino que seguían en su búsqueda de la salvación. Esta es una seria advertencia para todos nosotros, porque contrariamente a lo que muchos creen, no todos los caminos conducen a la salvación.

El Señor había sembrado la Palabra en la mujer samaritana, y ahora los apóstoles se tenían que preparar ahora recoger el fruto de una multitud de samaritanos que llegaron a creer en el Señor por medio del testimonio de ella.

Al final del pasaje todos los samaritanos estaban de acuerdo en que Jesús era el "Salvador del mundo". Este también fue un paso muy importante, sobre todo si tenemos en cuenta las rivalidades religiosas que había entre judíos y samaritanos. Ellos llegaron a entender y aceptar que Jesús no era un Mesías exclusivamente de los judíos, sino del mundo entero. ¡Qué gran fruto tuvo el breve ministerio del Señor entre los samaritanos! Ahora entendemos por qué le era necesario pasar por Samaria.

En fin...        

El pasaje de hoy nos invita a no aplazar la conversión. La principal motivación es vivir una vida fructífera, es decir, realizar plenamente el objetivo de nuestra existencia desarrollando todas nuestras potencialidades. La invitación del Señor ha resonado, no podemos echarla en saco roto.