IV Domingo del Tiempo Ordinario

IV Domingo del Tiempo Ordinario

Seg., 28 Jan. 19 Lectio Divina - Ano C

El Evangelio de este IV Domingo es la continuación del relato del Evangelio del Domingo anterior, que nos presentó a Jesús en la sinagoga de Nazaret, donde había pronunciado su discurso programático en el que habla de un mundo fundado sobre una nueva justicia: el, amor gratuito. En ese discurso Jesús no habla de ninguna práctica religiosa, no proclamó dogmas. Anunció el nacimiento de un mundo nuevo en el que los marginados de la historia se colocan al centro. A ese mundo nuevo, Jesús estaba por dar inicio.

El pasaje de hoy nos cuenta la reacción de quienes escucharon ese discurso programático. Sabemos que históricamente la oposición a Jesús se fue gestando poco a poco: el recelo de los escribas, la irritación de los maestros de la ley y el rechazo de los dirigentes del Templo fueron creciendo hasta acabar en su condena y ejecución en la cruz.

De la admiración pasan a la crítica. Cuestionan sus credenciales. ¿No es este el hijo de José, el carpintero? Sus oyentes se desentienden del mensaje y centran su atención en el mensajero al que desprecian por su aspecto físico o por sus ideas que no concuerdan con las suyas o por sus actuaciones que les sorprenden y ofenden. Para los hombres de Nazaret Jesús no puede ser el ungido de Dios, es simplemente el hijo de José.

Jesús, el predicador incómodo e incomprendido, vino a consolar a los afligidos de Nazaret y a los afligidos del mundo, unos se sintieron consolados, otros simplemente escandalizados. Predicar en términos generales, predicar en abstracto, predicar las grandes verdades, resulta grandilocuente, pero no dice nada, no compromete a nada. El Dios de Jesús no es sólo el Dios de Nazaret, es el Dios de todos, incluidos los paganos.

Lo que no entendieron, lo que seguimos sin entender, es que nadie, ningún pueblo, ninguna iglesia tiene el monopolio de Dios. Jesús no es un predicador local sino universal. Jesús es nuestro y es para todos porque es el ser para los demás, gratuitamente.

Lo sucedido en Nazaret no es un hecho aislado. Algo que sucedió en el pasado. El rechazo a Jesús cuando se presenta como Profeta de los pobres, liberador de los oprimidos y perdonador de los pecadores, se puede ir produciendo entre los suyos a lo largo de los siglos.

Jesús es el viento que empuja la nave de la Iglesia. Jesús es la palabra que la ilumina, dejémonos impulsar por el viento de Jesús y de su Espíritu. Él es, nosotros somos en la medida en que en este hoy acojamos la Escritura y la voluntad, no de los hombres, sino de Dios.