Jesucristo Rey del universo Solemnidad

Jesucristo Rey del universo Solemnidad

Qua., 21 Nov. 18 Lectio Divina - Ano B

Este Domingo  es el último del año litúrgico y tiene como broche de oro, la solemnidad de Cristo Rey. Cada año litúrgico tiene como punto de partida el Adviento: preparación para el nacimiento del niño Jesús y culmina con la celebración de Jesucristo Rey del Universo; Punto de convergencia hacia el cual  se dirige la historia de la salvación.

El evangelista Juan propone a nuestra consideración un diálogo  entre el gobernador romano Poncio Pilato y Jesús. En este dialogo se pone de manifiesto la identidad de Jesús. Pregunta Poncio Pilato: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Jesús responde: “Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad”, “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo  mis servidores habrían luchado para que no cayera en manos  de los judíos”.

Podemos imaginar el desconcierto del gobernador romano ante semejante respuesta. El percibía en aquel hombre del pueblo una energía execional; pero era incapaz de entender  el lenguaje de Jesús porque su punto de referencia era el poder romano y consideraba al emperador romano como una divinidad.

Jesús afirma su identidad real, que no se limita a ser un descendiente más del rey David,  y su área de influencia va más allá de las fronteras de Israel; por esos afirma: “Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad; todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

En esta solemnidad de Cristo Rey, veamos cómo rompe Jesús todos los paradigmas asociados al poder: El afirma que él es rey, pero carece de presupuesto, no tiene fuerzas armadas y no dispone de representantes diplomáticos. Su influjo a través de dos mil años de historia radica en la fuerza del amor  y el servicio hacia los más débiles. Jesús tiene una forma diferente de escribir la historia; los grandes caudillos se han distinguido en los campos de batalla  y Jesús se destaca desde el Monte de las Bienaventuranzas, donde proclama bienaventurados a los humildes, pobres y a los que trabajan por la paz.

El anuncio del Reino de Dios consiste en proclamar la presencia de Jesús en medio de nosotros. No pertenece a este mundo en cuanto no pertenece al sistema de injusticia imperante. Jesús es un rey que anuncia un mensaje de amor y justicia,  a ser humanos;  y su propuesta está destinada a transformar las personas y las estructuras. Como Iglesia debemos preocuparnos por no ser del mundo en cuanto debemos tomar distancia de los juegos de poder; pero igualmente debemos interesarnos por estar en el mundo  en cuanto este debe ser transformado.  Así lo expresaba el papa Juan Pablo II  en alguna ocasión: “Donde está el ser humano padeciendo el dolor la injusticia, pobreza o violencia, allí debe estar la voz de la Iglesia con su vigilante caridad y con la acción de los cristianos”. 

Celebrar la solemnidad de Cristo rey nos debe llevar a tomar conciencia que él es el único que debe reinar en nuestra existencia, sin dejarnos dominar por el vaivén y por la superficialidad que nos brinda el mundo, llevando al hombre a una oscuridad y envejecimiento tanto espiritual como físico, pues no deja ver claro el reino de Dios  en el corazón de cada hombre.