Pentecostés

Pentecostés

Ter., 26 maio 20 Lectio Divina - Ano A

Pentecostés (del griego πεντηκοστή pentēkostḗ ‘quincuagésimo’) es la celebración que cierra el tiempo de Pascua. Durante Pentecostés se celebra la venida del Espíritu Santo y el inicio de las actividades de la Iglesia. Por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad.

AMBIENTACIÓN: Preparación de mente y corazón para la escucha de la Palabra de Dios. 
❖ Invocación Trinitaria: En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 
❖ Momento de silencio: Dedicar un momento de profundo silencio, respirando de modo profundo, tomando conciencia de nuestro cuerpo, alma y mente. Es el momento para quitar de la mente todo pensamiento negativo, así mismo, es necesario quitar la mirada de las ocupaciones o quehaceres y dejar este momento única y exclusivamente para el encuentro con el Señor.

Respondiendo a la pregunta ¿Qué dice el texto? Leer el siguiente comentario para una mayor profundización de lo que el texto en sí quiere decir.
Cada versículo del texto tiene una descripción
Juan 20,19-20: La descripción de la experiencia de la resurrección
Juan 20,21: El envío: “Como el Padre me envió, así yo os envío” Juan 20,22: El don del Espíritu, la paz.
Juan 20,23: El poder de perdonar los pecados, dado a la Iglesia.

La noche de pascua, Jesús, a quien el Padre ha resucitado de entre los muertos mediante el poder del Espíritu Santo (Rom 1,4), se aparece a los apóstoles reunidos en el cenáculo y les comunica el don unificador y santificador de Dios. En esta hora única Jesús transmite a los discípulos el Espíritu y, con ello, su paz (w. 19.21), su misión (v. 21) y el poder sobrenatural para llevarla a cabo. El Espíritu -como repite la Iglesia en la fórmula sacramental de la absolución- fue derramado para la remisión de los pecados. El Cordero de Dios ha tomado sobre sí el pecado del mundo (1,29), destruyéndolo en su cuerpo inmolado en la cruz (cf. Col 2,13s; Ef 2,15-18). Y continúa su acción salvífica a través de los apóstoles, haciendo renacer a una vida nueva y restituyendo a la pureza originaria a los que se acercan a recibir el perdón de Dios y se abren, a través de un arrepentimiento sincero, a recibir el don del Espíritu Santo (Hch 2,38s).

MEDITACION: ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO? O ¿QUÉ ME DICE DIOS POR MEDIO DEL TEXTO?
Nota 1: Este es el momento de la interiorización de la Palabra de Dios. Es el momento para meternos en el texto y dejar que Dios haga arder nuestro corazón. Se trata de cuestionar nuestra vida con la Palabra de Dios, respondiendo a la pregunta planteada. Para propiciar la participación se proponen las siguientes preguntas. Se busca ir respondiendo una por una, ya sean dejándolo a libre participación o dirigiendo la pregunta a una persona en concreto.
¿Qué te ha llamado más la atención en la descripción de la experiencia de la resurrección?
A. ¿Cuáles son las características de la Misión que los discípulos reciben?
B. ¿Cuáles son las características de la acción del Espíritu Santo que Jesús comunica?
C. ¿Qué importancia tiene todo esto para la vida de nuestra comunidad hoy?
D. Jesús insiste: “¡La paz esté con vosotros!” ¿Qué pasos debo dar para ayudar a reconstruir la paz y las relaciones rotas entre las personas?
E. ¿Cómo descubrir el Espíritu santo en una persona? ¿Qué signos concretos debe tener esa persona?

Nota 2: después de responder las preguntas se puede dejar un momento mas para participación.

MEDITACION DIRIGIDA:
Nota 3: como una respuesta general a la pregunta ¿Qué me dice el texto? Hacemos la siguiente meditación para que cada uno interiorice y lo asocie a lo que ya todos hemos compartido.
El domingo de Pentecostés recoge toda la alegría pascual como un haz de luz resplandeciente y la difunde con una impetuosidad incontenible no sólo en los corazones, sino en toda la tierra. El Resucitado se ha convertido en el Señor del universo: todas las cosas tocadas por él quedan como investidas por el fuego, envueltas en su luz, se vuelven incandescentes y transparentes ante la mirada de la fe. Ahora bien, ¿es posible decir que “Jesús es el Señor” sólo con la palabra? Que Jesús es el Señor sólo puede ser dicho de verdad con la vida, demostrando de manera concreta que él ocupa todos los espacios de nuestra existencia. En él, todas las diferencias se convierten en una expresión de la belleza divina, todas las diferencias forman la armonía de la unidad en el amor. Hemos sido reunidos conjuntamente “para formar un solo cuerpo” y, al mismo tiempo, tenemos dones diferentes, diferentes carismas, cada uno tiene su propio rostro de santidad. El amor, antes que reducirlo, incrementa todo lo que hay de bueno en nosotros y nos hace a los unos dones para los otros. Sin embargo, no podemos vivir en el Espíritu si no tenemos paz en el corazón y si no nos convertimos en instrumentos de paz entre nuestros hermanos, testigos de la esperanza, custodios de la verdadera alegría.

ORACION: ¿QUÉ LE QUIERE DECIR A DIOS A PARTIR DEL TEXTO PROCLAMADO?
Nota 4: una vez que hemos escuchado lo que Dios quiere decirnos, ahora dirijámonos a Él, hablando desde las mociones que el Espíritu Santo produjo en nuestro interior.
Nota 5: se invita a los presentes a hacer oraciones espontaneas. Estas pueden ser de petición, de acción de gracias o de alabanza. Después de cada participación todos responden, una de las siguientes fórmulas dependiendo el tipo de oración que se haya hecho.

- TE ROGAMOS, SEÑOR, OYENOS.
- TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR. - TE ALABAMOS, SEÑOR.

Después de las participaciones la persona que dirige hace la siguiente oración.
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetras las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Ven, Espíritu enviado por el Padre, en nombre de Jesús, el Hijo amado: haz una y santa a la Iglesia para las nupcias eternas del Cielo.

CONTEMPLACION. ¿CÓMO DEBO HACER VIDA LO QUE DIOS ME HA DICHO?
Es el momento de un profundo silencio buscando sentirse amado por Dios, acariciado por su Palabra. Movido por el Espíritu Santo.
Se puede recomendar repetir con frecuencia en silencio: “Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón del fuego de tu amor”.
ACCION: ¿A QUE ME COMPROMETE LA PALABRA DE DIOS?

Que cada uno haga algun propósito, a la luz de la Lectio Divina. Debe ser un propósito realizable, alcanzable y que esté destinado a fructificar espiritualmente ayudando a edificar la vida de la comunidad. Este no se exterioriza. Queda como tarea personal.

Bondad del padre. Eduardo Antonio Maldonado Flores. Diócesis de Chalatenango, El Salvador.