VI Domingo del Tiempo Ordinario

VI Domingo del Tiempo Ordinario

Seg., 11 Fev. 19 Lectio Divina - Ano C

El  pasaje del Evangelio de Lucas que hoy nos viene proclamado, contene el discurso inaugural de las Bienaventuranzas, lo encontramos ubicado, entre la muchedumbre sigue a Jesús (Lc 6,17-19) y Amor a los enemigos (Lc 6,27-36).

17-19. Lucas coloca en un lugar llano el discurso que en el Evangelio según Mateo es en una montaña (Mt5,1). Antes de comenzar a exponer la enseñanza de Jesús, Lucas presenta un inmenso auditorio compuesto por personas que vienen de todas partes, y algunos de muy lejos. Tdos están ansiosos por escuchar a Jesús y ser curados de sus males. Los que hoy leemos el evangelio debemos sentirnos parte de esa muchedumbre. Necesitamos que el Señor nos alimente con su palabra y cure todos los males que afectan nuestra sociedad y a nosotros mismos, pero solo quedaran sanados a aquellos que lleguen a tocar al Señor gracias al encuentro personal con Él (6,19).

6,20-26. A partir del 6,20 y hasta7,50, Lucas deja de seguir el relato de Marcos, que le sirve de fuente, y abre un paréntesis para introducir el material que recoge de otras fuentes, una de ellas conocidas también por Mateo. Las llamadas Bienaventuranzas son semejantes a las de Mt 5,3-12. Pero mientras Mateo les da un enfoque más espiritual, Lucas encara los problemas sociales de su época, mencionando a pobres y ricos, hambrientos y opulentos, los que se divierten y los que sufren…situaciones que caracterizaban su tiempo. Los que padecen estos males sociales son felicitados porque su situación va a cambiar y no porque están sufriendo.

En la comunidad cristiana de los primeros tiempos todos deben compartir sus bienes con generosidad y alegría, de modo que no haya más pobres (Hch 2,44-45; 4,34-35). La ultima Bienaventuranza se refiere a los cristianos perseguidos (Lc 6,22-23), y quizá tenga en cuenta el decreto del emperador romano, según el cual no se detenía por licito ser cristiano; en ese caso no se promete un cambio de situación en este mundo, sino un premio en el cielo. A las Bienaventuranzas siguen tres lamentos sobre los ricos (6,24-25), que en la obra de Lucas (Evangelio y Hechos de los apóstoles) son aquellos que se preocupan por acumular los bienes, pero no los comparten, pues solo buscan asegurar su propia vida (16-19); los ricos reciben ese consuelo (tener bienes, vivir satisfechos, reír) en esta tierra (6,24), pero, por obra como lo hacen, quedaran privados de los bienes del Reino que instaura Jesús (18,24-26).

Meditación
Las fuentes de la palabra de este Domingo nos muestran el mejor camino para la felicidad que el hombre busca infatigablemente. La ruta, que no es la habitual, sigue este itinerario: Las bienaventuranzas de Jesús proclaman la dicha del Reino para los pobres que confían en el Señor y configuran la esperanza de los que creen en Cristo resucitado.

Las tres bienaventuranzas van dirigidas a lo que no tienen lo necesario para una vida plenamente humana. El Evangelio da un vuelco a las situaciones presentes, como se dice en el cantico de María (Lc 51-53), y los pobres son los que contribuyen de un modo indispensable a construir el Reino.  Aun cuando nadie ha elegido ser pobre o afligido, Jesús nos propone mirar por donde nuestra condición presente nos hiere. ¿Aceptar? ¿Querer salir de ella? ¿Qué elegimos y cuáles son nuestros miedos?

En contraposición a las bienaventuranzas, Lucas presenta unas lamentaciones que recuerdan las de Isaías (65,13-14). “Por tanto, así dijo el Señor Jehová: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados; He aquí que mis siervos se alegraran, más vosotros padeceréis vergüenza; mirad que mis siervas cantaran con corazón dichoso, mas vosotros gritaréis con el corazón triste, y con espíritu quebrantado gemiréis”. Son las lamentaciones parecidas a las que se hacían por los muertos, pero no son maldiciones. El rico se olvida de Dios y se vuelve impermeable a la gracia.

El contraste ante los perseguidos y gente bien considerada puede existir dentro de la misma Iglesia. Muchos problemas pueden hacerse insolubles y la misión misma verse bloqueada a causa de grupos influyentes y de personas a las que saben obtener las bendiciones oficiales. Y Jesús recuerda el ejemplo de los profetas.

Un género bíblico de tradición Profética. –Combinando bendiciones y maldiciones, las bienaventuranzas según Lucas mencionan ocho categorías de personas, emparejadas de dos en dos por contraste: los pobres que suspiran por la liberación y los ricos que ya tienen su consuelo, los que pasan hambre y los que están hartos, los que lloran y los que ríen, los que son perseguidos y los aplausos por todos. De esta forma las bienaventuranzas están en la línea bíblica de una tradición profética que cultiva el esquema bipartito; por eso contienen el anuncio profético de una bendición que genera alegría, junto con una imprecación inquietante que invita a la conversión.

Las bienaventuranzas compendian las actitudes evangélicas
Jesús invierte los criterios al uso. Es un hecho de experiencias que todo ser humano quiere ser feliz. En consecuencia, busca la manera de conseguirlo, conforme a lo que cada uno entiende por Felicidad: riqueza y dinero, éxito y posición social, seguridad y amor, poder y dominio, sexo y placer…Jesús, que conocía el corazón humano, con sus bienaventuranzas propone al hombre un camino seguro de felicidad, aunque nuevo y paradójico.

Las bienaventuranzas constituyen la página más revolucionaria del evangelio porque en ellas establece Jesús una inversión total de los criterios humanos respecto de la felicidad. El de clara dichosos, porque poseen el Reino de Dios ya a hora y no solo en la otra vida, a cuantos el mundo tiene por infelices: los pobres y los que tienen hambre, los que lloran y los que sufren, los misericordiosos que saben perdonar, los honrados y limpios de corazón, los que trabajan por la paz desde la no-violencia, los perseguidos a causa de su felicidad a Dios.  Y, por el contrario, proclaman desdichados, dignos de lastima y amenazados de maldición a los que son ricos, están saciados, ríen y son aplaudidos por todos.

Resumen evangélico de las actitudes básicas del discípulo de Cristo.
Las bienaventuranzas son un compendio del evangelio de Jesús y el anuncio profético del Reino de Dios, presente e inaugurado en la persona de Cristo; son la proclamación de las actitudes básicas para ser discípulo de Jesús y una contraseña de identificación segura del mismo; son toda una declaración de principios y carta magna o constitucional para la ciudadanía evangélica; son programa de vida y el cuestionario de examen al que constantemente hemos de remitirnos para confrontarnos como cristianos.

La bienaventuranza por la persecución por Cristo
La cuarta bienaventuranza según Lucas, es sobre los que sufren por Cristo. Aunque probablemente alude a la situación persecutoria de que fueron objeto los convertidos al cristianismo.  Todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido, avisaba San Pablo a su discípulo Timoteo (“Tm 3,12). Es la oposición que resalta el cuarto evangelio entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y el mundo enemigo de Dios, entre fe e incredulidad, entre amor y egoísmo.

No obstante, esta revolución de la esperanza cristiana, para ser autentica, comienza por la conversión personal.  Es principio evidente y hecho experimental que la mera transformación de las estructuras no produce automáticamente el hombre nuevo y liberado que Jesús dibuja en sus bienaventuranzas. La liberación humana, para ser integral, comienza por las personas, por su interior, por la conversión del corazón desde el pecado a la rectitud, al amor y al bien, a Dios y a los hermanos.

Apéndice

Este capítulo del evangelio de Lucas del discurso inaugural de las Bienaventuranzas, lo encontramos ubicado, entre la muchedumbre sigue a Jesús (Lc 6,17-19) y Amor a los enemigos (Lc 6,27-36).

17-19. Lucas coloca en un lugar llano el discurso que en el Evangelio según Mateo es en una montaña (Mt5,1). Antes de comenzar a exponer la enseñanza de Jesús, Lucas presenta un inmenso auditorio compuesto por personas que vienen de todas partes, y algunos de muy lejos. Todos están ansiosos por escuchar a Jesús y ser curados de sus males. Los que hoy leemos el evangelio debemos sentirnos parte de esa muchedumbre. Necesitamos que el Señor nos alimente con su palabra y cure todos los males que afectan nuestra sociedad y a nosotros mismos, pero solo quedaran sanados a aquellos que lleguen a tocar al Señor gracias al encuentro personal con Él (6,19).

6,20-26. A partir del 6,20 y hasta7,50, Lucas deja de seguir el relato de Marcos, que le sirve de fuente, y abre un paréntesis para introducir el material que recoge de otras fuentes, una de ellas conocidas también por mateo. Las llamadas Bienaventuranzas son semejantes a las de Mt 5,3-12. Pero mientras mateo les da un enfoque más espiritual, Lucas encara los problemas sociales de su época, mencionando a pobres y ricos, hambrientos y opulentos, los que se divierten y los que sufren…situaciones que caracterizaban su tiempo. Los que padecen estos males sociales son felicitados porque su situación va a cambiar y no porque están sufriendo.

En la comunidad cristiana de los primeros tiempos todos deben compartir sus bienes con generosidad y alegría, de modo que no haya más pobres (Hch 2,44-45; 4,34-35). La ultima Bienaventuranza se refiere a los cristianos perseguidos (Lc 6,22-23), y quizá tenga en cuenta el decreto del emperador romano, según el cual no se detenía por licito ser cristiano; en ese caso no se promete un cambio de situación en este mundo, sino un premio en el cielo. A las Bienaventuranzas siguen tres lamentos sobre los ricos (6,24-25), que en la obra de Lucas (Evangelio y Hechos de los apóstoles) son aquellos que se preocupan por acumular los bienes, pero no los comparten, pues solo buscan asegurar su propia vida (16-19); los ricos reciben ese consuelo (tener bienes, vivir satisfechos, reír) en esta tierra (6,24), pero, por obra como lo hacen, quedaran privados de los bienes del Reino que instaura Jesús (18,24-26).

Meditación

Las fuentes de la palabra de este domingo nos muestran el mejor camino para la felicidad que el hombre busca infatigablemente. La ruta, que no es la habitual, sigue este itinerario: Las bienaventuranzas de Jesús proclaman la dicha del Reino para los pobres que confían en el Señor y configuran la esperanza de los que creen en Cristo resucitado.

Las tres bienaventuranzas van dirigidas a lo que no tienen lo necesario para una vida plenamente humana. El Evangelio da un vuelco a las situaciones presentes, como se dice en el cantico de María (Lc 51-53), y los pobres son los que contribuyen de un modo indispensable a construir el Reino

A un cuando nadie ha elegido ser pobre o afligido, Jesús nos propone mirar por donde nuestra condición presente nos hiere. ¿Aceptar? ¿Querer salir de ella? ¿Qué elegimos y cuáles son nuestros miedos?

En contraposición a las bienaventuranzas, Lucas presenta unas lamentaciones que recuerdan las de Isaías (65,13-14). “Por tanto, así dijo el Señor Jehová: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados; He aquí que mis siervos se alegraran, más vosotros padeceréis vergüenza; mirad que mis siervas cantaran con corazón dichoso, mas vosotros gritaréis con el corazón triste, y con espíritu quebrantado gemiréis”. Son las lamentaciones parecidas a las que se hacían por los muertos, pero no son maldiciones. El rico se olvida de Dios y se vuelve impermeable a la gracia.

El contraste ante los perseguidos y gente bien considerada puede existir dentro de la misma Iglesia. Muchos problemas pueden hacerse insolubles y la misión misma verse bloqueada a causa de grupos influyentes y de personas a las que saben obtener las bendiciones oficiales. Y Jesús recuerda el ejemplo de los profetas.

Un género bíblico de tradición Profética. –Combinando bendiciones y maldiciones, las bienaventuranzas según Lucas mencionan ocho categorías de personas, emparejadas de dos en dos por contraste: los pobres que suspiran por la liberación y los ricos que ya tienen su consuelo, los que pasan hambre y los que están hartos, los que lloran y los que ríen, los que son perseguidos y los aplausos por todos. De esta forma las bienaventuranzas están en la línea bíblica de una tradición profética que cultiva el esquema bipartito; por eso contienen el anuncio profético de una bendición que genera alegría, junto con una imprecación inquietante que invita a la conversión.

Las bienaventuranzas compendian las actitudes evangélicas

Jesús invierte los criterios al uso. Es un hecho de experiencias que todo ser humano quiere ser feliz. En consecuencia, busca la manera de conseguirlo, conforme a lo que cada uno entiende por Felicidad: riqueza y dinero, éxito y posición social, seguridad y amor, poder y dominio, sexo y placer…Jesús, que conocía el corazón humano, con sus bienaventuranzas propone al hombre un camino seguro de felicidad, aunque nuevo y paradójico.

Las bienaventuranzas constituyen la página más revolucionaria del evangelio porque en ellas establece Jesús una inversión total de los criterios humanos respecto de la felicidad. El de clara dichosos, porque poseen el Reino de Dios ya a hora y no solo en la otra vida, a cuantos el mundo tiene por infelices: los pobres y los que tienen hambre, los que lloran y los que sufren, los misericordiosos que saben perdonar, los honrados y limpios de corazón, los que trabajan por la paz desde la no-violencia, los perseguidos a causa de su felicidad a Dios.  Y, por el contrario, proclaman desdichados, dignos de lastima y amenazados de maldición a los que son ricos, están saciados, ríen y son aplaudidos por todos.

Resumen evangélico de las actitudes básicas del discípulo de Cristo.

Las bienaventuranzas son un compendio del evangelio de Jesús y el anuncio profético del Reino de Dios, presente e inaugurado en la persona de Cristo; son la proclamación de las actitudes básicas para ser discípulo de Jesús y una contraseña de identificación segura del mismo; son toda una declaración de principios y carta magna o constitucional para la ciudadanía evangélica; son programa de vida y el cuestionario de examen al que constantemente hemos de remitirnos para confrontarnos como cristianos.

La bienaventuranza por la persecución por Cristo

La cuarta bienaventuranza según Lucas, es sobre los que sufren por Cristo. Aunque probablemente alude a la situación persecutoria de que fueron objeto los convertidos al cristianismo.  Todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido, avisaba San Pablo a su discípulo Timoteo (Tm 3,12). Es la oposición que resalta el cuarto evangelio entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y el mundo enemigo de Dios, entre fe e incredulidad, entre amor y egoísmo.

No obstante, esta revolución de la esperanza cristiana, para ser autentica, comienza por la conversión personal.  Es principio evidente y hecho experimental que la mera transformación de las estructuras no produce automáticamente el hombre nuevo y liberado que Jesús dibuja en sus bienaventuranzas. La liberación humana, para ser integral, comienza por las personas, por su interior, por la conversión del corazón desde el pecado a la rectitud, al amor y al bien, a Dios y a los hermanos.