VIII Domingo del Tiempo Ordinario

VIII Domingo del Tiempo Ordinario

Seg., 25 Fev. 19 Lectio Divina - Ano C

Son varias las enseñanzas de Jesús que Lucas resume en el llamado "sermón de la llanura", y hoy escuchamos una parábola, que en realidad son dos comparaciones (mashal, proverbio). En primer lugar la del ciego y en segundo lugar la del discípulo y maestro. Después vemos una construcción que se nos presenta como un paralelismo antitético, centrada sobre el árbol bueno y el malo (vv. 43-45), poniendo de manifiesto que todo árbol se valora de verdad por sus frutos. Ninguno puede dar un fruto distinto de su esencia: los higos no se buscan en las espinas, ni las uvas en los zarzales. Todo este conjunto es sapiencial, como el texto de Ben Sirac. Esto lo encontramos, aunque no exactamente así, en Mt 7, 1ss (el sermón de la montaña).

En el mundo judío el discípulo no estaba llamado a superar al maestro como sucede a veces en el mundo occidental no bíblico. Más bien se trata de imitar la sabiduría del maestro que le ha enseñado. Pero en este discurso, previamente, está el famoso dicho de "sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6, 36). Es ahí donde se apoya esta enseñanza de los dichos de Jesús: que los ciegos, que los discípulos, traten de imitar la misericordia del Padre. Es, pues, una llamada a ser discípulos de la misericordia. De esa manera no estaremos preocupados de ver y agrandar el mal o los fallos de los otros y pasar por altos los nuestros. "Sed misericordiosos" es no admitir esa clase de ceguera patológica que tenemos para querer guiar a los que ven o tienen más sabiduría que nosotros. No reconocer eso es ser como los ciegos y los discípulos que sin sabiduría quieren ser más sabios que su maestro.

El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Qué voy a hacer para aumentar mi conocimiento de la fe? ¿Cómo puedo compartir mejor mi fe con mi familia y amigos? No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. ¿Cómo distingo entre lo que es buen fruto y lo que es malo? ¿Qué tipo de fruto está dando mi vida? Pues la boca habla de lo que está lleno el corazón. ¿Son mis palabras bondadosas y verdaderas? ¿Aprovecho las oportunidades de expresar mi gratitud, amor y cuidado?