Santa María Madre de Dios

Santa María Madre de Dios

Dom., 27 Dez. 20 Lectio Divina - Ano B

Es la primera Fiesta Mariana que apareció en la Iglesia Occidental, su celebración se comenzó a dar en Roma hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación –el 1º de enero– del templo “Santa María Antigua” en el Foro Romano, una de las primeras iglesias marianas de Roma.

La antigüedad de la celebración mariana se constata en las pinturas con el nombre de “María, Madre de Dios” (Theotókos) que han sido encontradas en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma, donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa en tiempos de las persecuciones.

Esta Fiesta se coloca en la octava de Navidad y la liturgia también lo relaciona con la circuncisión del niño Jesús, que se llevó a cabo según la ley ocho días después de su nacimiento

Contexto:
En los versículos precedentes al texto (13-15), recordamos que los ángeles cantan desde el cielo la gloria de Dios que se ha encarnado, y es un Ángel el que les comunica a los pastores la Buena Noticia del acontecimiento extraordinario  de este nacimiento divino.
La Iglesia hoy fija su mirada gozosa en Santa María, Madre de Dios, y la saluda así: "¡Salve, Madre Santa!, Virgen Madre del Rey, que gobierna el cielo y la tierra por los siglos de los siglos". Bella y tierna expresión que nos lleva a adorar al Niño, Rey eterno del universo, en brazos de la Madre.
La fiesta es proclamación de María Madre del Hijo de Dios y Madre de la Iglesia. Trascendental afirmación de fe sobre la realidad del Verbo hecho carne. Actitud espiritual de los creyentes que, de la mano de la Virgen, son conducidos al Salvador. La octava de Navidad considera,  pues, el misterio de la maternidad de María, el de la circuncisión de Jesús y el inicio del año. Pidamos al Espíritu Santo su Luz que ilumina y santifica.

 ¿Qué dice el texto? Me fijo en los pastores
Fueron corriendo: Sólo la prisa  (“apresurándose”) crea un poco de tensión en el relato, que indica la cercanía del Dios que conduce la historia.
Encontraron: este verbo( en griego Eurisko) señala el instante del descubrimiento.
Los pastores son los pobres de la tierra, los que viven alejados de los pueblos y no podían cumplir reglamentos de la ley ceremonial de los judíos. Sin embargo, no podemos olvidar que nos hallamos en Belén, ciudad del rey David, que fue pastor, llamado por Dios de entre el rebaño; tampoco olvidemos a Abraham y los patriarcas, que, siendo pastores, escucharon la llamada de Dios y recibieron su visita. Por todo esto se piensa que los pastores del relato no son simplemente los pobres y alejados, sino también aquéllos que están prontos a escuchar la voz de Dios y a fundar su nuevo pueblo entre los hombres. Ellos aceptan la palabra del ángel, se dirigen a observar el signo y encuentran al niño acostado en el pesebre. Hasta aquí todo parece más o menos lógico. Lo verdaderamente extraño es que el signo les convenza, que hagan suyo el evangelio -creyendo que ha nacido el Salvador- y alaban a Dios por todo ello.

Me fijo en María
Conservaba: (“guardar con cuidado”, e “interpretar, evaluar”) describe una actitud y un comportamiento altamente positivos. Guardar significa registrar y conservar en la memoria, tanto la acción vista como las palabras oídas. No se trata solo de un recuerdo melancólico de un pasado perdido, sino de la memoria del contenido vivo de la fe. Sin embargo, no basta con guardar en el espíritu los recuerdos (“remata”) sino que debe comprenderlos e interpretarlos a la luz de la intervención divina. De ahí que María comprende lo que ha visto y oído. María no interpreta con su entendimiento (nous), sino con su voluntad y afectividad: en su corazón.

María (y los pastores) encarna la actitud conforme con la obra de Dios: no ya el servilismo o la obediencia ciega, sino la fe activa. María no es ni la co-mediadora de la salvación, ni un dechado de humildad, sino, como Abrahán, modelo de creyente. Su fe es una fe doblemente activa: comprende y experimenta en su carne lo que cree.

¿Qué me dice a mi el texto?
Los pastores creyeron al Ángel, fueron, encontraron, vieron y creyeron, alabando a Dios. En esta síntesis que nos presenta Lucas, me imagino a aquellos hombres llenos de esperanza. Sólo el que espera, reconoce, acepta y corre. Esto me lo recuerda Isaías 40,31 en ese hermoso texto que en días pasados de Adviento meditábamos: “Los que esperan en el Señor, son como las Águilas, correrán y no se tropezarán”. Ser como esos pastores es una invitación clara del Señor; nuestra fe no puede ser pasiva, ni de pacotilla, sino muy por el contrario, activa y sin muchas palabras. Obras son amores y no buenas razones. Estos hombres salieron a buscar y encontraron lo que se les había anunciado: la señal de un Niño en pañales. Y creyeron en el signo, porque la Palabra que recibieron era creíble y llenó sus corazones de expectativas que no fueron defraudadas. Todos somos portadores de Dios, solo basta creer, aceptarlo y correr para ver (comprender y acoger). La pregunta para mí sería: ¿Cuento como los pastores lo que he visto y oído? ¿De qué manera lo cuento?
Y para contar, primero hay que guardar, para comprender e interpretar, de forma que ya no salga mi verdad, mi manera de ver, sino la autenticidad de los hechos, de un Dios que se me revela solo cuando soy capaz de correr el velo de mi incredulidad, de mi ignorancia, acreditando solo los signos que vienen de Dios.
Y qué bien lo hizo María, que hasta de los pastores aprendió. Sí, algo interesante, pues que le creyera al ángel, no es tan extraño, pero es meritorio que le creyera a los pastores para poder cuidar en lo más hondo de su corazón la presencia de Dios en el enigma de su Hijo envuelto entre pañales, recostado en un pesebre.
Cualquier prójimo es portador de un mensaje de Dios y es instrumento imprescindible para la historia humana y para cada uno de los demás hombres.

¿Qué me hace decir el texto a Dios?
Hoy tenemos una buena oportunidad para interiorizar el misterio del nacimiento del Señor, al lado de María, su Madre. Como interiorización creo, Señor, que no hacen falta muchas palabras; es mejor seguir el ejemplo de la Madre: guardar, conservar, comprender, interpretar.
¡Qué gozo tan grande sería para los pastores verte Jesús Niño en los brazos tiernos de tu Madre! Como “pastorcilla” a ti me acerco Señor; y quisiera hacerlo despojada de “mis cosas”, pero eso solo es una Gracia tuya.
Contágiame el vigor de tu Madre que es nuestra Madre, para que como dice el refrán: “De tal palo, tal astilla”. Nunca mejor dicho, de tal Madre creyente humana, tales hijos creyentes humanos en Cristo, el Hijo.
Dame prontitud y lucidez como la de María,  para responderte a cada Buena que me das. Moldea mi espíritu a tu querer, como hicíste con María, que aunque fue colmada de dones, continuó siendo libre y cooperó con generosidad abundante para que se cumpliera en todo tu voluntad.
Santa María, Madre de Dios: ruega por nosotros pecadores y llévanos a Jesús con esa ternura materna que proviene solo del contacto con el Dios Enmanuel.
Ofrezcamos  a Dios el nuevo año orando por el bien, la paz y la fe;  por todos los hombres del mundo, puesto que por todos murió el Señor.