XXII Domingo del Tiempo Ordinario

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

Dom., 26 Ago. 18 Lectio Divina - Ano B

Este Domingo se vuelve a la lectura del Evangelio de Marcos, y en él se llega al pasaje donde Jesús critica la perversión de la Ley de Moisés hecha por los intérpretes posteriores y los fariseos. La antigua ley era justa y sabia en grado superior a la de los demás pueblos. Y Jesús la respetaba, pero criticaba la hipocresía de un cumplimiento externo, sin atender a la pureza que nace del corazón.
El dinamismo magistral de Jesús es una de las tareas más relevantes en el evangelio de Marcos. Entre los muchos  interesados en escuchar al maestro aparte de los discípulos y la gente,  se encuentran  los fariseos y los escribas que han venido desde Jerusalén,  Y Tú ¿De dónde vienes?
El  tema del evangelio de hoy trata de la pureza del corazón y podemos sintetizarlo así: El  hombre de corazón  “puro” es el que   sigue la voluntad de Dios.

Dios espera de nosotros una humanidad nueva, para que así  la relación con Él no se convierta solo  en un acto accidental sino pensado y deseado por  Él. De este modo  nuestra existencia cotidiana y ordinaria (sin sentido) pasa a ser  una  existencia profundamente mística y real. El Evangelio quiere señalarnos  este paso, que debemos de seguir todos, el paso de la “Libertad de los hijos de Dios” centrada en el amor.

Lee y vuelve a leer, despacio y detenidamente. Imagina al Maestro, imagina a sus oyentes, imagínate uno de ellos. Rumia en tu corazón las palabras o frases que te resulten más significativas y que al mismo tiempo te interpele.  El evangelio nos muestra cómo podemos ser libres y ser parte de una nueva creación desde Cristo Jesús.

Podemos distinguir en el texto tres partes:
1.-  El planteamiento del problema de parte Fariseos y Escribas escandalizados con  el comportamiento de los discípulos de Jesús.
2.-  La respuesta de Jesús, centrada en la  “Palabra de Dios”.  “Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres”.
3.- Jesús que invita a escudriñar  en  el “Corazón” del hombre. “…de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas.”

 “¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?” El punto de partida de este texto es la verificación de los Fariseos y Escribas, pues ellos vienen nada menos que de Jerusalén  en calidad de “inspectores oficiales de la Ley” y, como tales, lanzan sus críticas condenatorias. Los escribas son los encargados de velar  la doctrina, por su parte los fariseos son los que promueven la puesta en práctica, pero no sólo de la Ley de Moisés (la Toráh) sino también de todo un conjunto de enseñanzas que ellos mismos han creado. El punto de discusión entre las autoridades y Jesús está en que, para los discípulos las normas  promulgadas no tenían valor. El que comieran “sin lavarse las manos” Era el ejemplo más claro. Pero ¿Por qué era un problema comer con las manos “impuras”?  El hecho indica que no solo se trataba de un lavado higiénico antes de comer, sino de un lavado ceremonial antes de comenzar el culto. El lavado consistía en toda una preparación espiritual de  un acto sagrado. Una persona que no lo hiciera así, quedaría excluida del culto y por lo tanto marginada de la comunidad.

Respuesta de Jesús a los fariseos y escribas:
Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres”  Jesús comienza a responder gradualmente. Se dirige primero a los Escribas y Fariseos luego a la gente y finalmente a sus discípulos. Jesús da claridad sobre el tema de la relación con Dios, acentuando la prioridad de la Palabra de Dios “Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.  Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres”. Jesús nos pide que examinemos con un profundo sentido crítico las normas que determinan nuestro comportamiento y relación con Dios, con su creación y con uno mismo. Jesús nos dice que el único punto de referencia válido es el mandamiento de Dios para entablar una buena comunión en el entorno general con todos. En esto consiste la verdadera pureza.  Cuando existe la capacidad de construir una  relación limpia y sana. Y Jesús toma como ejemplo mayor la relación con la familia,  esta debe estar  orientada a vivir  la voluntad de Dios.

Jesús nos enseña que para entrar en comunión con Dios hay que purificar el corazón. “Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas... Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre”.  Jesús expresa la supremacía  de la Palabra de Dios. Pero todavía falta un paso importante de su enseñanza, y es que  el corazón del hombre debe orientarse hacia la voluntad de Dios. Jesús expresa una gran verdad  delante de la gente: “Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre” (7,14-16), dice ante todo, que las acciones malvadas provienen del corazón, no es sólo problema de la sociedad, de la estructura, o del sistema, sino del corazón del hombre de donde todo procede. Por eso la primera preocupación de una persona debe ser la de tener un corazón puro, porque desde allí es que se transforma el mundo entero.

En el mundo simbólico bíblico, el “corazón” indica el lugar profundo en el que la persona toma conciencia de sí misma, reflexiona sobre los acontecimientos, medita sobre el sentido de la realidad de la vida, asume comportamientos responsables ante los hechos de la vida y ante el misterio de Dios.  La salvación que ofrece Jesús se la entiende cuando ésta pasa por el corazón. 

Del corazón del hombre salen: “…las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre”. Cuando esto ocurre, las relaciones  de destruyen, pues se pierde de vista al “otro”. La persona pierde la calidad de ser persona y se convierte en un objeto más, una posesión más. Se trata de una injusticia social que contradice el proyecto de fraternidad y solidaridad querido por Dios, porque quien acumula, consume, adquiere, posee con desenfreno  enfermizo, está tomando como propio aquello que no le pertenece.

Del corazón del hombre salen las “maldades”.  No se refiere solo a  hechos malos en sí, se refiere a una persona que está herida espiritualmente, psicológicamente, está dañada en su humanidad. Este daño busca replicarse con el querer o sin el querer de quien parece alegrarse por estas maldades. El hecho es que hay, una fuerte repercusión de estos terribles actos.

Desde Jesús  se vive  un nuevo principio espiritual, se hace concreto desde nuestra realidad humana, él purifica nuestro amor para que desde el fondo del corazón, con la conciencia formada del discípulo, seamos realmente el pueblo que Dios quiere. Pidamos un corazón sensato, capaz de experimentar esta libertad, libertad que  da  sentido a la existencia. Con el amor que Dios nos regala, es posible construir una humanidad nueva, ya que el amor de Dios, es la única fuerza  para purificar el corazón y sanarlo