Epifanía del Señor

Epifanía del Señor

Qui., 30 Dez. 21 Lectio Divina - Ano C

Hoy, solemnidad de la Epifanía, se propone de nuevo con vigor el tema de la luz. Hoy el Mesías, que se manifestó en Belén a humildes pastores de la región, sigue revelándose como luz de los pueblos de todos los tiempos y de todos los lugares. Para los Magos, que acudieron de Oriente a adorarlo, la luz del "rey de los judíos que ha nacido" (Mt 2, 2) toma la forma de un astro celeste, tan brillante que atrae su mirada y los guía hasta Jerusalén. Así, les hace seguir los indicios de las antiguas profecías mesiánicas: "De Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel..." (Nm 24, 17).

Contexto Litúrgico
­­- Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer. Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:
Su Epifanía ante los Reyes Magos (Mt 2,1-12)
Su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán
Su Epifanía a sus discípulos y comienzo de Su vida pública con el milagro en Caná.

La Epifanía que más celebramos en la Navidad es la primera.
­- La fiesta de la Epifanía tiene su origen en la Iglesia de Oriente. A diferencia de Europa, el 6 de enero tanto en Egipto como en Arabia se celebraba el solsticio, festejando al sol victorioso con evocaciones míticas muy antiguas. Epifanio explica que los paganos celebraban el solsticio invernal y el aumento de la luz a los trece días de haberse dado este cambio; nos dice además que los paganos hacían una fiesta significativa y suntuosa en el templo de Coré. Cosme de Jerusalén cuenta que los paganos celebraban una fiesta mucho antes que los cristianos con ritos nocturnos en los que gritaban: "la virgen ha dado a luz, la luz crece".

- Este gesto del Señor nos desvela el sentido de su venida a la tierra. Ha venido con la misión de ofrecer la salvación a todas las gentes, de todos los lugares y de todos los tiempos.
Es el día en que también nosotros, que no somos del pueblo judío por nacimiento, hemos recibido el don de la fe en Jesucristo, enviado del Padre para la salvación del mundo.
Este relato de Mateo es una catequesis que nos indica cómo se manifiesta el Señor en todo tiempo y cómo nosotros podemos encontrarlo. Por lo tanto, lo hemos de leer más como un relato de fe que como una narración de tipo histórico.
San Mateo quiere dejar bien sentada la universalidad de la salvación de Cristo, y más teniendo en cuenta que los destinatarios principales de su mensaje eran judíos, marcados aún por el nacionalismo a ultranza. En el momento de redactar el evangelio, la ruptura de fronteras y razas por el cristianismo era ya una realidad. El encuentro de Jesús con los hombres y las culturas, cuando es auténtico, hace superar los nacionalismos particularistas.

Estructura del texto
El primer detalle que el evangelio de hoy sugiere es el enorme atractivo de Jesucristo. Apenas ha nacido y unos magos de países lejanos vienen a adorarlo. Ya desde el principio, sin haber hecho nada, Jesús comienza a brillar y a atraer. Es lo que después ocurrirá en su vida pública continuamente: «¿Quién es este?» (Mc 4,41). «Nunca hemos visto cosa igual» (Mc 2,12). ¿Me siento yo atraído por Cristo? ¿Me fascina su grandeza y su poder? ¿Me deslumbra la hermosura de aquel que es «el más bello de los hombres» (cf Sal 45,3)?
Toda la escena de la Epifanía gira en torno a la adoración: «Hemos venido a adorarlo». Los Magos se rinden ante Cristo y le adoran, reconociéndole como Rey –el «oro»–, y como Dios –el «incienso»– y preanunciando el misterio de su muerte, como hombre que era, y resurrección –la «mirra»–. La adoración brota espontánea precisamente al reconocer la grandeza de Cristo y su soberanía, sobre todo, al descubrir su misterio insondable. En medio de un mundo que no sólo no adora a Cristo, sino que es indiferente ante Él o le rechaza abiertamente, los cristianos estamos llamados más que nunca a vivir este sentido de adoración, de reverencia y admiración, esta actitud profundamente religiosa de quien se rinde ante el misterio de Dios.
Y, finalmente, aparece el símbolo de la luz: «La estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos». La estrella que conduce a los Magos hasta Cristo expresa de una manera gráfica lo que ha de ser la vida de todo cristiano: una luz que, brillando en medio de las tinieblas de nuestro mundo, ilumine «a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte» (Lc 1,79), les conduzca a Cristo para que experimenten su atractivo y le adoren, y les muestre «una razón para vivir» (Fil 2,15-16).

Meditación: "Se sobresaltó"
Tal vez no es la frase más significativa del texto, pero me resulta sugerente. Herodes se sobresaltó, pero no fue un sobresalto de emoción, ni de alegría, sino de incertidumbre, de desconcierto, de miedo y, lógicamente, si el rey se sobresalta, todos con él. El nacimiento de un niño se convierte no en gozo sino en amenaza, está en peligro su poder, sus intereses... nuestras seguridades.
No estamos en la misma situación, pero no me resulta distante el sentimiento. Aunque se quiera disimular con la indiferencia, el nacimiento de Jesús vuelve a querer ser eliminado de la vista pública. ¡Vaya con el Niño! Jesús, sigue siendo molesto, toca muchos intereses, muchos poderes, muchas comodidades, muchas visiones de la vida y de las actitudes, vamos a dejarlo en... diferentes. Por lo tanto, si se acalla, si se elimina, a él y a quienes lo siguen, mejor, para que a nuestras "jerusalenes" nadie les inquiete.
A mí también me sobresaltas, Señor. A mí también me sigue inquietando tu venida, porque me interpela, cuestiona continuamente mis actitudes, mis gestos. Preferiría meterme en la corriente y vivir a mi aire, pero necesito palabras de vida. Necesito palabras de esperanza, necesito de alguien que me descubra la grandeza del ser hombre, de mi ser persona, de mi dignidad humana, aún en medio de mi pequeñez. Necesito sentir y experimentar que existe una corriente de amor, de bien, de bondad, de vida, inscrita en el corazón del hombre, en mi corazón, que me inquieta sí, pero que me sana, que me permite crecer y que me sitúa junto a los demás y no enfrentado a ellos.
Por eso, sí, me sobresalta, tu pequeñez y tu grandeza, tu luz, tu silencio y tu palabra, tu distancia y tu cercanía, tu anonimato y tu presencia que me sale al encuentro y que puedo encontrar, si soy capaz de seguir tantas estrellas que me hablan de ti, en medio de la oscuridad, como aquellos magos.             

Oración:    "Don de lo que soy"
Señor, gracias por hacerte presente en la sencillez de la historia. Tal vez por eso es difícil verte, porque te buscamos en los grandes signos cuando te empeñas en manifestarte en los más íntimos, en los más sencillos, en los más cercanos, hasta convertirnos nosotros mismos en signos.
Gracias, Señor, y ayúdame a descubrir tu rostro escondido en cada rostro humano que necesita de mí, y enséñame a hacerme hacia ellos don de lo que soy y lo que tengo, como los magos y como tú.